Somos Hijos Tenemos Propósito

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Devocional

"Somos del Gran Yo Soy"


Dios pensó en nosotros desde antes de la fundación del mundo y nos escogió en Cristo antes de que fuéramos formados en el vientre de nuestra madre; sin embargo, por el pecado de Adán todos nos hicimos pecado y fuimos apartados de la gloria de Dios. El vínculo divino que teníamos con Dios fue roto por causa de nuestra naturaleza adámica y caída, trayendo muerte espiritual y por ende la separación entre Dios y nosotros los hombres. Nuestra relación con Dios se dañó y la única forma de ser reconciliados con Él es por medio de la fe y la gracia concedida en Jesucristo su precioso Hijo.


“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia”. Efesios 1:3-7 (RVR1960).


Por medio de la fe y la gracia en Cristo Jesús, nuestra relación con Dios ha sido restaurada y ahora podemos decir: ¡Adámicos no, cristianos! Lo que dejamos de ser en Cristo por la iniquidad y el pecado que nos esclavizaba, ahora lo somos por la fe de sabernos justificados por Él y en Él, nuestro Salvador. Hemos recuperado nuestra ciudadanía e identidad celestial gracias a Jesucristo; así que, el propósito por el cual hemos sido creados ha cobrado vida en nosotros. 


En la medida que vamos siendo transformados conforme a la imagen de nuestro Señor, por su Espíritu que mora en nosotros, seremos verdadera alabanza y gloria para Dios; ya no somos adámicos, somos cristianos: seguidores, imitadores y adoradores en espíritu y en verdad de Cristo Jesús nuestro Señor y Redentor, para gloria de Dios.


Somos del Gran "Yo Soy", nuestra naturaleza caída ha perdido importancia ante los ojos de Dios porque ahora es en el espíritu como nos vé; y es a través del espíritu que nos relacionamos con Él. Aunque estamos en el mundo no somos ni buscamos las cosas del mundo, porque tenemos propósito en Cristo, ya no estamos muertos, ahora tenemos vida por Él, en Él y para Él.