Dios no juega a las escondidas

Día 1 de 3 • Ver la lectura de hoy

Devocional

Para dar inicio a este devocional debo recomendarte leer primeramente 1 Samuel capitulo 22.  


Allí encontramos a David en el momento más oscuro de su vida y en su peregrinar camino al reinado. 


¿Qué llevo a David a esconderse? Saúl tuvo celos de David: 1 S. 18:9 “y desde aquel día Saúl no miro con buenos ojos a David”


Una de las cosas que debemos entender, es que en ese tiempo hubo unas grandes revelaciones de parte de Dios. Según eruditos mencionan que fue en esta época que David escribió los Salmos  142, 57 y 34.  Parece ser que el Salmo 142 es escrito en el momento de mayor dificultad de David, así que es importante ubicarnos un poquito más adelante en este salmo, pero antes debemos analizar algunas cosas que habían ocurrido a David.


1. David se sentía traicionado: Él está bajo la autoridad de un rey, loco y desequilibrado. Por alguna razón Saúl ha llegado a creer que David es una amenaza. 


2. David se sentía incompetente: El ya no puede hacerle frente al problema, a pesar de tener las habilidades y capacidades, ya no puede manejar el problema, se sale de sus manos y de sus capacidades. 


Dios muchas veces nos lleva por ese camino de incompetencia, para mostrarnos que la promesa (en el caso de David, de ser rey) depende de Su poder y no de nuestras habilidades.


3. David está herido emocionalmente: 1 S. 20: 41 “y David lloró más”. No hay peor cosa que perder a alguien que uno ama. Y David acaba de perder a su mejor amigo.


4. David se desgasta espiritualmente y miente: 1 S. 21:1-2 Él se interesa en mantener su imagen de que nada pasa. Esa mentira le costó la vida a 85 sacerdotes. 


5. David toma decisiones en la carne: 1 S. 21:10 “se fue a Aquis Rey de Gat”. Es la tierra de Goliat, el enemigo. David ha perdido la perspectiva de quién es, de lo que Dios dijo que sería. 


Uno tiene temor cuando quita la vista de Dios y las pone en las circunstancias.


¿Cómo termina David? Termina comportándose como lo que no es. Dios lo había llamado a ser Rey y ahora se encuentra golpeado anímica y mentalmente, poco espiritual y carnal, parece un loco dejando correr saliva de su boca y pintando paredes en Filistea. 


Cuando perdemos la perspectiva, terminamos actuando en la carne y luego nos deterioramos, terminamos en formas a las que Dios no nos llamó.