Mi Lugar Seguro

Devocional

 Primera característica:


En la casa de mi Padre Celestial, la puerta está siempre abierta.


Siempre me ha impactado en forma personal la historia que Jesús relata sobre el famoso “hijo pródigo”. Una de las parábolas más conocidas de Jesús, donde intenta explicarle a un grupo de religiosos la profunda alegría del Padre cuando un hijo que se había apartado regresa a casa. 


Esta historia tiene tantas enseñanzas que dependiendo del lugar en que uno se para frente a ella, descubre una nueva verdad. 


Habla del hijo que se va, por supuesto, y desperdicia su parte de la herencia, habla del hermano mayor que no comprende que está en la casa, y es su casa, y tiene derecho a disfrutar todo en ella. Por otro lado, habla del padre, que primeramente no duda en respetar los deseos de su hijo menor y repartir la herencia en vida, que lo ve partir con dolor, y que espera con los brazos abiertos día y noche el regreso de ese hijo que tomó malas decisiones y se alejó. 


También están los amigos del joven rebelde que se le acercan por interés, y hasta el dueño de los cerdos que sabiendo que es judío, y que los cerdos son animales impuros para ellos, lo envía a alimentarlos haciéndole caer hasta los más bajo en la escalera de la vida de un hebreo.


Cuántos personajes, ¿verdad? Y cada uno con profundas enseñanzas. Pero en esta historia hay un elemento silencioso pero presente en todo momento: La casa. Sí, la casa del padre. De allí salió una mañana con una bolsa repleta de dinero sintiéndose seguro en sus riquezas. Pero éstas pronto faltaron y su mirada se redirigió a “ese” lugar de donde había salido y dijo: “¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!” Lucas 15:17.


Aquella casa de la historia también era el lugar en donde el hermano mayor vivía, pero aún no había descubierto sus ventajas, y el padre le dijo: “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.” Lucas 15:31.


Esa “casa”, la casa del padre de la historia del hijo pródigo tiene una importante particularidad. Sus puertas jamás estuvieron cerradas. Ni a la hora de salir, ni a la hora de regresar.


Una de las características principales de la casa de mi Padre Celestial es que su puerta siempre está abierta para quienes quieren regresar, y también para quienes por primera vez desean entrar.


Jesús dijo: “Yo soy la puerta”, Juan 10:9. Y definitivamente Jesús te está esperando.


Escribe el profeta Jeremías “Esto dice el Señor, Dios de Israel: se acerca la hora cuando restableceré el bienestar de mi pueblo. Los traeré a casa…” Jeremías 30:3. “Yo te he amado, pueblo mío, con un amor eterno. Con amor inagotable te acerqué a mí. Yo te reedificaré, volverás a ser feliz…” Jeremías 31:3-4.


Si sientes en este momento que estas en la casa del Padre pero no disfrutas los privilegios, o si te sientes fuera, y lejos, la buena noticia es que la puerta está abierta y el Padre deseoso de recibirte como hijo. 


“a todos los que creyeron en él [Cristo] y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios”. Juan 1:12.


Quiero guiarte en una corta oración para que le digas al Padre que deseas regresar a casa, y disfrutar de todos los privilegios de ser hijo. “Padre, creo firmemente que Jesús es tu Hijo y murió en la cruz para justificarme y perdonar todos mis pecados, y así permitirme entrar en la Casa Celestial en tu presencia Dios santo. Te pido perdón por estar lejos, y deseo hoy ser un hijo de Dios. Recíbeme, perdóname y ayúdame a vivir para ti”.


-Andrés Palau