[Serie #vida] Cómo ser padres | Parte 2

Devocionales

Sin sentimientos de culpa


Esta es la segunda parte de «Cómo ser padres» en nuestra jornada de la serie #vida. En la primera parte de la serie consideramos dos principios sobre la paternidad: «apunta al corazón» y «desarrolla un equipo». Si quieres saber más, busca el plan de lecturas «Cómo ser padres, parte 1» de la serie #vida.


Cuando hablamos acerca de la paternidad, no podemos abordar cada situación que pueda presentarse, pero podemos hablar acerca de principios. Seas padre o no, sería una buena idea que archives estas cosas como algunos de los principios que necesitarás en algún momento más adelante en el camino. 


Como padre, puedes elegir enseñar a tus hijos en casa, enviarlos a escuelas privadas o públicas. Puedes tener seis hijos, o quizá tengas uno. Probablemente seas padre soltero o tengas una familia mezclada con una situación de padrastro y madrastra. Es posible que tengas muchos medios o quizá no seas una persona de recursos. Tus hijos podrían no estar caminando con el Señor o es probable que sí.


Lo primero que querríamos hacer es dejar de lado cualquier culpa parental. Quizá estés pensando: «Oh, desearía haber leído esto hace cinco años». Ponlo delante del Señor y di: «No soy perfecto, y nunca lo seré». Tu meta no es ‘perfección’. Tu meta es ‘presencia’. Si podemos estar presentes en la vida de nuestros hijos, entonces podremos marcar una diferencia en su vida. Si estamos tratando de ser perfectos, nunca sucederá.


En 1675, Lord Rochester dijo: «Antes de casarme tenía seis teorías sobre cómo criar a los hijos. Ahora tengo seis hijos y ninguna teoría».


Si te sientes como un mal padre, es señal de que en realidad eres un buen padre. Los padres malos no se sienten como padres malos. Nunca saben qué está pasando. Necesitamos caer en cuenta de que estamos haciendo lo mejor que podemos y que necesitamos a Jesucristo. Nadie tiene una solución milagrosa para esto. Nadie es perfecto. Estamos criando seres humanos. Y es algo difícil de hacer.


Mientras lees, trata de decir esto en voz alta y con orgullo: «Estoy haciendo lo mejor que puedo, pero necesito a Jesús». Eso es cierto para cada padre, cada creyente y todos nosotros: estamos haciendo lo mejor que podemos.