Matrimonios a prueba de todo

Día 1 de 7 • Ver la lectura de hoy

Devocional

Relaciones


Las relaciones que tenemos con la gente en el trabajo, en la sociedad en general, son afectadas con la manera como llevamos adelante nuestro matrimonio. Nuestra vida personal será desarrollada, impulsada o retenida, sobre todo con base en lo que sucede en la casa. Cuando no tenemos paz en la casa, nuestra vida no funciona correctamente y afectamos todo lo demás en lo que nos involucramos.


Para que podamos funcionar correctamente dentro de las relaciones humanas, es necesario que funcionemos bien en el matrimonio. Nos preguntamos cuál es la fórmula para que unos matrimonios duren mientras que otros terminen en divorcio. ¿Cuál es la fórmula? No es algo mágico. No hay una respuesta sencilla. 


Hay una razón principal para que los matrimonios sean exitosos y es que han aprendido a poner un filtro en tres áreas: un filtro en lo que hablan (la boca), a cómo se ven (los ojos) y uno en su corazón. 


Primero: poner un filtro en tu boca


Lo que decimos es poderoso. Si el matrimonio aprende y vive poniendo un filtro en sus palabras, en lo que declara el uno al otro, evita muchos conflictos. En Efesios 4, dice que no debe salir ninguna palabra mala de la boca, sino palabras que edifiquen. Esta es una instrucción para la vida con sabiduría de Dios. Hay una razón para cada cosa que Dios nos aconseja y, en cuanto a tener cuidado en nuestras expresiones y forma de hablar, es importante. 


Hay una razón lógica comprobable científicamente, comprobable sicológicamente a los consejos que Dios nos da para la vida. Muchas veces no lo entendemos así sino hasta que comenzamos a practicar y ver el fruto de ese consejo. Nos dice que no debe salir de nuestra boca ninguna palabra ofensiva.


Cosas que pueden insultar a la otra persona o hacerla sentir mal. A veces nos decimos, de manera no adecuada,  en el matrimonio, palabras que pensamos que no son ofensivas como: vieja, gorda, panzón y otras que pensamos que no dañan, pero pueden ofender. Las palabras pueden producir un daño que lleva tiempo reparar. Las palabras producen realidades. Las palabras tienen poder para dar vida o para matar.


Reflexionemos


¿Qué palabras dices a tu cónyuge? ¿Qué producen esas palabras? ¿Dispones tu corazón para escuchar el consejo sabio de Dios? 


Oro para que Cristo se exprese a través de tus palabras en tu matrimonio.