[Serie 1 de Juan] Una visión del tribunal celestial

Devocionales

Vive audazmente, pero habla amablemente


Este es el cuarto plan de lectura de la serie sobre la primera Epístola de Juan. En los primeros planes de esta serie, meditamos en el primer capítulo del libro. Ahora, nos enfocaremos en los versos iniciales del segundo capítulo.


Lo primero que dice Juan en 1 Juan 2 es: «Mis hijitos». Usa esta frase en todo el libro para hablarnos. Ahora es un anciano que nos suplica que recibamos lo que tiene que decir. Él habla con amabilidad. Luego, sin ser severo, declara algo muy audaz: «Quiero decirte estas cosas para que no peques». Lo que aprendemos en estos versos iniciales de 1 Juan 2, es vivir con audacia, pero hablar con amabilidad. Queremos vivir audazmente en nuestra fe, orar por las personas, compartir a Cristo y tomar riesgos en la obediencia a Dios. Nadie quiere vivir tímidamente.


Pero a veces podemos vivir con tanta audacia que nos olvidamos de hablar amablemente. Como esposos, debemos ser hombres ambiciosos, avanzar en el liderazgo de nuestras familias, pero no debemos olvidar hablar amablemente a nuestra esposa e hijos. Al mismo tiempo, si nunca tomamos una decisión porque nos preocupa que otra persona piense que estamos equivocados, o porque no queremos herir los sentimientos de nadie, nunca haremos nada. Ser audaz, a veces significa actuar en obediencia a lo que hemos escuchado o aprendido de Dios.


¿Te has dado cuenta de que vivimos en un mundo donde no hablamos con amabilidad? Cuando prendes la televisión, ¿no sucede a veces que pareciera que todos están peleando? Hablar amablemente, pero vivir audazmente, establece un tono de voz diferente cuando te comunicas con los demás. No tiene nada que ver con el sarcasmo, menospreciar o humillar a los demás. Está lejos de faltarle el respeto a la autoridad, dañar o derribar a las personas. Tiene todo que ver con decir la verdad en amor, edificar a los demás y ser ejemplo de vida, de lo que le pediríamos a cualquier otra persona. Dios tiene un plan para ti y cuando seguimos el consejo celestial, nos asociamos con él para traer vida.


La belleza del cristianismo es que puedes ser una persona increíblemente amorosa y también vivir con audacia y hablar con fuerza. Ser capaz de juntar esas dos cosas, es enorme.