Una vida libre de estrés

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Devocional

Vivimos en un mundo estresante


Una reciente encuesta de Gallup encontró que más de un tercio de la población mundial experimenta mucha preocupación y estrés. El estrés está teniendo un efecto tan negativo en EE. UU., que la Asociación Estadounidense de Psicología afirma que casi la mitad de los norteamericanos admiten que lo padecen y que está socavando su bienestar general. 


El estrés en sí mismo no siempre es negativo. En su forma más básica, es una alarma fisiológica interna que se activa en situaciones de emergencia, cuando creemos que estamos enfrentando una amenaza o peligro, real o percibido. O, en momentos que tenemos altas expectativas de desempeño respecto a una tarea en particular, aunque esas expectativas sean auto generadas o provengan de una fuente externa.


Temporalmente, el estrés puede ayudarnos a funcionar rápidamente bajo presión, y nos motiva a dar lo mejor de nosotros mismos. Sin embargo, cuando la reacción al estrés se prolonga, puede ser extremadamente dañina. Nuestro cuerpo, mente y emociones no están diseñados para vivir perennemente en estado de emergencia.


Si usted se rinde continuamente al estrés, éste terminará esclavizándolo. Todo lo que la gente tolera o acepta de continuo se convierte en su norma. De ahí que, si cedemos a la ansiedad o al miedo en nuestras vidas, estos empezarán a definirnos. Este es el punto donde el estrés deja ser algo que experimentamos solo de vez en cuando o en algunas circunstancias, para convertirse en algo que se apodera por completo de nosotros. Cuando eso ocurre, comenzamos a tratar con factores espirituales, así como con factores físicos y emocionales. Muchos no alcanzan a reconocer el elemento espiritual en el estrés; por eso permanecen atrapados en sus garras.


Dos tipos de estrés


Para propósitos de este devocional, definiremos el estrés de dos maneras: estrés natural y estrés espiritual.


Estrés natural 


El estrés natural permanece mayormente en las esferas física, emocional y mental, aunque los elementos espirituales pueden influir en él. Existen varias causas para el estrés, y hablaremos de ellas en el próximo capítulo. El estrés natural puede producir síntomas físicos tales como dolores de cabeza, tensión en el cuello y hombros, dolor de espalda, fatiga, problemas estomacales y falta de sueño. También puede producir síntomas emocionales y mentales, tales como ansiedad, tristeza, ira, impaciencia, irritabilidad, problemas de concentración, y cierto grado de pérdida de la memoria y pensamientos negativos. Aunque podemos sentir estrés temporal cuando nos enfrentamos a nuevas situaciones o cuando somos desafiados a alcanzar metas altas, en muchos casos el estrés se manifiesta como resultado de situaciones perturbadoras a las que eventualmente somos expuestos. 


Estrés espiritual 


Cuando el estrés está en estado natural, la persona tiene la habilidad de manejarlo y controlarlo. Sin embargo, cuando ya ha alcanzado el ámbito espiritual, no puede controlarse usando métodos naturales, y esto conlleva el lidiar con asuntos espirituales significativos.


Con el estrés espiritual, se pueden manifestar varios tipos de “yugos” controladores, como los celos, el miedo, la ira y la depresión. Por ejemplo, cuando una persona pasa de sentirse bajo presión en determinada situación, a vivir en un estado de depresión, se convierte en prisionera de la desesperación. El yugo del estrés forma o moldea a la persona de acuerdo a algunas maneras de pensar, las cuales se reflejan en su conducta. Cuando vivimos en depresión, no tenemos expectativa de nada bueno, y no podemos ver una salida a nuestros problemas—, incluso en momentos en que el desafío puede ser relativamente fácil de superar.


Si estamos en un estado de estrés avanzado, pero no sabemos qué es lo que nos tiene atados, no reconoceremos que estamos siendo oprimidos por una fuerza externa y no solo por nuestras propias luchas internas. Solo el poder de Dios puede liberarnos de esa influencia tiránica. La Biblia nos enseña: “Ni den cabida al diablo” (Efesios 4:27 NVI). Cuando le permitimos al diablo que logre establecerse o ganar territorio en nuestras vidas —a través de un largo período de estrés, en el que nos aferramos al miedo, la ansiedad, la ira o la desesperanza— terminaremos oprimidos. 


Sin embargo, podemos estar seguros de que, sin importar el tipo de yugo que nos venga a través del estrés, Dios tiene poder más que suficiente para romperlo y quitarnos toda carga. Jesucristo ya derrotó al diablo. Él quiere liberarnos y que aprendamos a vivir continuamente en Su victoria.


Manejando y derrotando el estrés


No es la voluntad de Dios que vivamos estresados, deprimidos ni al borde del colapso. Necesitamos ser libres y empezar a confiar en Aquél que gobierna el cielo y la tierra y puede ayudarnos en toda circunstancia.


Si usted reconoce que tiene síntomas de estrés opresivo, necesita la ayuda de Jesús y el poder del Espíritu Santo de Dios. Lo invito a hacer la siguiente oración conmigo, sabiendo que, si declaramos esto con fe, el estrés empezará a convertirse en paz, la tristeza en gozo y la desesperación en esperanza. Ore creyendo en su corazón que Dios actuará en su vida:


Señor Jesús, reconozco que hay situaciones más allá de mi control que me han robado la paz, han atado mis emociones y traído enfermedades a mi cuerpo. El estrés ha avanzado hasta convertirse en opresión espiritual y controlarme. Me arrepiento por los errores que he cometido, y te pido que me perdones por haber permitido que el estrés invada mi vida. Hoy, necesito Tu ayuda para ser libre. Recibo el perdón que me diste con Tu muerte en la cruz, cuando llevaste mis pecados y mis fallas sobre Ti, y con Tu resurrección de entre los muertos. Te recibo en mi corazón y le pido al Espíritu Santo que traiga paz, fe y libertad a mi mente, alma y cuerpo. ¡Gracias, Señor Jesús! Amén.


Pensamiento: Dios tiene poder más que suficiente para romper el yugo del estrés.