Yo creo en milagros

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Devocionales

Milagros visibles e invisibles.





No hay un nombre más alto, ni más poderoso. No hay otro Dios que salve. El es único.

Pero a veces, los milagros visibles que le pedimos (sanidad, provisión, etc) se manifiestan como milagros invisibles (cosas relacionadas con el carácter por ejemplo) que producen luego un fruto visible.

Son los milagros menos populares, obviamente. No son los que buscamos ver. Preferimos ver el mar calmarse por su palabra, que ir a llenar tinajas de agua para que se transformen en vino. Ambos milagros Él los hizo. Para uno de ellos necesitó que pasáramos por un proceso.

Al poco tiempo de tener a nuestro primer hijo, milagro que tardó 7 años en suceder contra todo pronóstico, Ani fue a un control y descubrieron que tenía un quiste de 5 cms en el útero. Así que oramos, nos oraron, intercedimos, intercedieron, y de todos modos, llegamos al quirófano.

La operaron, y cuando vino el médico a la habitación le preguntamos:  ¿cómo le fue? y él nos dijo, “bien y mal. Bien porque pudimos controlar trompas, útero, etc y está todo bien, pero mal porque no encontramos el quiste”.

Dios no necesitaba la operación para hacerlo desaparecer. Fue para nosotros y para que muchos por medio de este testimonio puedan ver que hay un Dios que hace milagros, visibles e invisibles, que sabe lo que necesitamos, y entonces sabe qué y cómo hacer lo que le pedimos. Pocas semanas después llegó la tremenda noticia, nuestro segundo hijo venia en camino. Era imposible doblemente, porque a la imposibilidad de la esterilidad se sumaba que en la operación los médicos habían visto que el útero estaba vacío.

No sabemos todo. Ni sabemos por qué o para qué suceden algunas cosas. Pero si sabemos y probamos, que hay un Dios que nos rescató para poner propósito eterno en nosotros y no nos abandonó a nuestra suerte, sino que está aquí, cercano y atento para condimentar de vez en cuando nuestra relación con un toque de cielo llamado milagro.