Amada por el Dios que ve mis necesidades más profundas

Devocionales

La mujer en el pozo


Tómate un momento para viajar mentalmente con tu imaginación a Sicar, Samaria, una provincia del Imperio Romano en el siglo I d.C. Aquí seremos testigos de un encuentro que cambiará la vida de dos personas, un hombre y una mujer.


El hombre era un profeta en ascenso, un rabino (erudito o maestro judío). Grandes multitudes lo seguían a todos los lugares que visitaba. Era famoso en muchas provincias y regiones porque la gente era sanada de todas las enfermedades en su presencia, a veces, solo con tocar su capa. ¿Su nombre? Jesús de Nazaret.


 Jesús había dejado Judea y se dirigía de regreso a Galilea. En el viaje, pasó por Samaria con sus discípulos. Acababan de entrar en la ciudad de Sicar a comprar comida. Como Jesús estaba solo y cansado por el ajetreo del viaje, se sentó junto a un pozo.


Mientras descansaba, una mujer iba hacia el pozo, llevaba una vasija de barro. El polvo del camino cubría sus pies y sandalias mientras andaba bajo el calor del sol del mediodía. Había abandonado la costumbre de reunirse con las mujeres de la aldea para sacar agua en las horas más frescas del día. Sus ofensas la perseguían con culpa y vergüenza, y los lugareños conocían su pasado, así como su situación actual. Los susurros y miradas de desaprobación la habían llevado a tomar la ruta más larga o a elegir el momento del día menos conveniente para extraer agua del pozo de Jacob.


Estaba claro como el cristal que el dolor dentro de su alma se sentía más pesado que cualquier carga física que pudiera llevar. Se sentía atrapada. Desde que tenía memoria, había deseado sentirse segura y cuidada, importante a los ojos de alguien. Al meditar en su pasado, consideró una serie de relaciones amorosas que la habían dañado, rompiendo su corazón con cada doloroso fracaso. La relación en la que estaba en ese momento era otro error.


Algunas lágrimas no deseadas llenaron sus ojos, amenazando con traicionar los pensamientos que desesperadamente quería ocultar. ¿Es esto lo que hay en la vida para mí? ¿Acaso fui destinada para esta existencia en la me siento atrapada? Suspirando y deseando que las lágrimas no cayeran, se acercó al pozo. Lo que no sabía era que estaba a punto de tener un encuentro que cambiaría su vida.


Dios mismo la estaba esperando en el pozo, el Dios que vio sus necesidades más profundas.


¿Alguna vez te has sentido como esta mujer? ¿Anhelas sentirte segura, relevante, importante, apreciada, amada y satisfecha? ¿Acaso no es lo que todos queremos? Si estás sufriendo y tu corazón está dolido, quiero que sepas que Jesús te está mirando. Él te ve, realmente lo hace. Él conoce tus necesidades más profundas. Ábrele tu corazón. No te decepcionarás.


Para escribir en el diario


¿Puedes nombrar algunas fuentes comunes a las que podemos recurrir en vez de Dios cuando buscamos sentirnos importantes, relevantes y completas? ¿Reconoces a quién recurres?