Cómo ser un buen vecino

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Devocionales

¿Quiénes somos?


Lucas 15 realmente es un capítulo interesante en el Nuevo Testamento. Habla sobre la oveja perdida, la moneda perdida y los dos hijos perdidos. Estas historias nos muestran que Dios es deliberado e intencional sobre cuánto quiere estar en nuestras vidas.


La primera historia, es sobre una oveja que se pierde y el pastor la busca hasta que la recupera. En la historia de la mujer que pierde una moneda valiosa, la encuentra y se regocija. Y entonces, Jesús comparte una historia final increíble.


«El hijo pródigo», es la historia de un hombre con riquezas, que tiene dos hijos. De repente, el hijo menor le dice a su padre: «Papá, dame mi parte de la herencia», lo que culturalmente fue algo muy serio. Lo que dijo este joven fue: «Ojalá estuvieras muerto para poder tener mi dinero». Él insultó a su padre. Sin embargo, ¡el padre, a pesar de eso, le dio a su hijo lo que pidió!


Este joven llevó su herencia a una tierra extranjera para festejar y llevar una vida desenfrenada. Lamentablemente, en muy poco tiempo desperdició todo lo que había recibido. Cuando se encontró sin fondos, una gran crisis golpeó la tierra. Sin un centavo, desesperado e indigente, trató de conseguir un trabajo. Ahora, tengamos en cuenta que los judíos no comen cerdo. Desprecian a los cerdos porque para ellos este es un animal inmundo. Y, sin embargo, el único trabajo que este joven pudo encontrar fue alimentar cerdos. Hambriento y cansado, en un momento, miró lo que comían los cerdos y pensó en tomar algo para sí mismo.


Fue en este momento que volvió a sus sentidos y pensó en regresar con su padre. Pero, ¿cómo podría él atreverse a hacerlo?


Con estas historias Jesús nos revela quiénes somos. Somos las ovejas perdidas. Somos la moneda perdida. Somos este hombre que no quería estar cerca de su padre, que le deseó la muerte. Atrevidos, ingratos, ensimismados. En la desesperada necesidad de regresar a casa. Espiritualmente quebrantados. Hambrientos. Indigentes. Pero en el fondo, sabiendo que Él es nuestra única esperanza.


Hoy podemos volver a nuestros sentidos y comenzar el largo viaje de regreso a Dios. Hoy podemos apostar todo con la seguridad de que sabemos que Él es bueno. No esperemos más antes de volver a Él. Humillémonos y confesemos nuestro pecado.


«Padre, he pecado. Por favor perdóname y recíbeme de nuevo».