Más Allá De Los Límites Y Las Fronteras

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Devocionales

Impulsado por el Espíritu


Felipe es uno de los más distintos creyentes en el Nuevo Testamento. Era un judío de la Diáspora (judíos esparcidos por todo el mundo bajo los babilonios) que se convirtió a Jesús en el día de Pentecostés. Como miles de otros judíos esparcidos, Felipe regresó a Jerusalén para la gran fiesta de Pentecostés. Era uno de los 3,000 que creyeron en Jesús por la predicación de Simón Pedro en Hechos 2 y fue añadido a la iglesia. En Hechos 6, fue elegido para ser diácono y servir a las viudas griegas que habían sido descuidadas en la distribución de comida a los pobres. Cuando vino la persecución a Jerusalén, liderada por Saulo de Tarso y el rey Herodes, él, junto con muchos otros creyentes fueron esparcidos por todo el Imperio romano. Aquí es donde todo cambió en la vida de este hombre de Dios. 


En Hechos 8, tenemos la bendición de ver cómo Felipe es impulsado por el Espíritu Santo y se aventura a ir a los lugares y a la gente que los judíos de su generación nunca habrían ido. En retrospectiva, se convirtió en un ejemplo para Pedro y Pablo de un creyente que no temía cruzar límites y fronteras para compartir el evangelio con gente que era considerada demasiado diferente, pecadores, aislados y muy poderosos para acercarse a Jesucristo.


Una de las primeras consideraciones en la cual debe pensar todo siervo de Dios es: «¿Dónde quiere Dios que viva?» Esto debe ser determinado en gran medida por el potencial de su ministerio en ese lugar y a donde lo impulsa el Espíritu Santo a ir.