Sí, Pero

Devocionales

Día 1: Sí, pero...


La verdadera llamada de Jesús


La definición popular de ser un Cristiano es ser salvo, ser bueno y asistir a las reuniones de una iglesia. En realidad, la llamada que Jesús hacía (y todavía hace) es la de seguirle. Jesús llama a todos a ser sus seguidores — o discípulos —. 


Seguir a Jesús significa llegar a ser más y más como Él: vivir como Él vivía, y hacer lo que Él hacía. Jesús vivía con el gran propósito de traer el Reino de Dios a este mundo. Ser un seguidor de Jesús significa dedicar toda la vida a cambiar el mundo con Él. Seguir a Cristo es entregarse a trabajar con Jesús en su misión de llevar a otras personas a entrar en paz con Dios. Seguir a Jesús de verdad es dar todo lo que somos — nuestro tiempo, dinero y esfuerzo — a ser como Él y a trabajar con Él.


Vale la pena aclarar que seguir a Cristo así no es un legalismo; no es trabajar para ganar su favor y perdón. Más bien, este estilo de vida es la única respuesta apropiada a la gracia de Dios; nosotros le amamos porque Él nos amó primero; Él murió para que sus seguidores vivieran por Él. Damos la gloria máxima a nuestro Padre con nuestras vidas cuando nos entregamos a trabajar con Jesús. 


Las barreras


A veces no seguimos a Jesús de la manera que Él pide porque no hemos escuchado su verdadera llamada; no nos damos cuenta de que estar en una relación con Jesús significa mucho más que ser salvo, ser bueno y asistir a algunas reuniones. 


No obstante, aún cuando realmente escuchamos la llamada de Jesús, pocas veces le seguimos completamente. Se presentan muchas barreras, y terminamos sin dar toda nuestra vida para cambiar el mundo con Cristo. Esto fue precisamente lo que pasaba en los días de Jesús.


Romperemos las barreras


En este estudio, veremos algunas de las barreras más comunes que se nos presentan para seguir a Jesús; veremos la fuente de estas barreras — de dónde vienen —; y veremos cómo romperlas. Lo haremos para que podamos seguir a Cristo de verdad, y así llegar al final de nuestra jornada y oír las palabras de aprobación de nuestro Señor: Bien hecho, buen siervo y fiel.