Vivir como un resucitado

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Devocionales

Recobra la memoria


Con el avasallante progreso de la tecnología, en los últimos años han surgido términos propios o técnicos en su área. Uno de ellos es «memoria», en ese sentido, las computadoras usan memoria, los teléfonos inteligentes usan memoria, las nuevas grabadoras de audio usan memoria, las cámaras filmadoras y fotográficas usan memoria. En fin, las memorias se han convertido en un accesorio altamente importante en el desarrollo individual, doméstico y profesional de nuestros días. 


Antropológicamente hablando, cuando se habla de recobrar la memoria, se tiene la idea de alguien que tuvo memoria, pero por alguna razón la perdió, luego en algún momento de su amnesia logró recuperarla. A eso se le llama, recobrar la memoria. 


¿Qué es perder la memoria? Científicamente es la incapacidad de recordar información o datos personales. También es una función cerebral, un fenómeno de la mente que permite al organismo codificar, almacenar y recuperar información. Pero a la memoria que me refiero en esta oportunidad, es a la memoria espiritual, ya que a diferencia de la memoria almática o emocional, la memoria espiritual recuerda lo espiritual. 


La memoria almática, en la mayoría de los casos, recuerda las heridas emocionales, el rechazo, los fracasos, la frustración, la traición, el pecado que arrastra, entre otros. Pero insisto, la memoria espiritual recuerda lo espiritual. Isaías recomienda: «No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad».


La memoria espiritual nunca te llevará a recordar los sucesos almáticos de la vida, ella te llevará a recordar las verdades espirituales constituidas en Cristo. Son las verdades que debes incorporar en tu memoria, alimentarlas y fortalecerlas con tu intimidad permanente, tu tiempo de estudio, meditación, manifestación de Cristo en tu vida, y en oración; no solo como individuo sino como cuerpo, como ministro competente edificando y siendo edificado como parte de un equipo corporativo con una causa eterna: Cristo.