Llenos de las riquezas en Cristo

Devocional

A los que participan del llamamiento celestial


La primera epístola de Pedro, se dirige «a los elegidos, extranjeros dispersos por el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia», es decir, a judíos, que se han convertido a Cristo y quienes por causa de su fe, son perseguidos, han emigrado, y ahora residen en países gentiles. Es preciso aclarar, sin embargo, que no debemos limitar el término extranjeros o la frase que peregrinan a su sentido literal, sino que también se debe respetar su significado figurado y su aplicación espiritual. Pedro, utiliza esta figura retórica no para referirse estrictamente a los descendientes físicos de Abraham, sino también a su simiente espiritual, que participan del llamamiento celestial, y que como tal, están lejos de su patria.


Además, no todos estos extranjeros espirituales eran del linaje natural de Abraham. La epístola misma contiene evidencia, que, aunque había una mayoría judía, no todos lo eran. Pedro afirma, que Dios los había sacado de las tinieblas y los había introducido en su luz admirable. Los describe con las siguientes palabras: «Ustedes antes ni siquiera eran pueblo, pero ahora son pueblo de Dios; antes no habían recibido misericordia, pero ahora ya la han recibido». Estas palabras, que describen precisamente, el caso de los creyentes gentiles, corroboran lo que Pablo afirma.


Pedro cita Oseas, donde la frase «hijos de Israel», apunta al Israel espiritual. Pablo, en el capítulo 9 de la carta a los Romanos, versículos 24-25, da la interpretación definitiva de ese pasaje: «ésos somos nosotros, a quienes Dios llamó, no sólo de entre los judíos, sino también de entre los gentiles» Así dice Dios, en el libro de Oseas: «Llamaré mi pueblo a los que no son mi pueblo». 


Nuevamente, Pedro, recuerda a los destinatarios: «Pues ya basta con el tiempo que han desperdiciado haciendo lo que agrada a los incrédulos (literalmente a los gentiles), entregados al desenfreno, a las pasiones, a las borracheras, a las orgías, a las parrandas y a las idolatrías abominables». El último tipo de transgresión, solamente podía referirse a los gentiles, porque los judíos, considerados como nación, no habían vuelto a caer en la idolatría desde el cautiverio babilónico.