¿Por qué es bueno compartir? Decilo en 60 segundos

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Devocionales

Al compartir todo cambia

Mica tiene cinco años y hoy su papá le regaló una caja llena de galletas. ¿¡Puedes imaginarte su cara!? Está alegre, y, por supuesto, ansiosa por comerlas todas en un segundo. Pero ¿qué sucede cuando el padre le dice: “Comparte las galletitas con tu hermana”? Es muy probable que él no haya terminado de hablar cuando la nena ya estaba llorando de frustración. En ese instante, cualquier sentimiento parecido a la felicidad desaparece por completo. “¿Cómo le voy a dar mis galletas?” “¡Quedarán menos para mí!” “¿Por qué entonces papá no compró dos cajas en vez de una?”. Mica piensa... Todos pensamos... 

La vida de Mica cambió desde que su hermanita llegó. En nuestra vida todo cambia cuando hay alguien a nuestro alrededor. En realidad, nunca estuvimos solos, ni siquiera cuando nacimos; tampoco cuando crecimos, ni hasta ahora. Siempre hay alguien a nuestro alrededor. Dios quiso que así fuese. 

Compartir significa ‘partir con alguien’. El compartir genera un ciclo de ida y vuelta. Cuando decidimos hacerlo, ponemos a disposición de alguien algún bien tangible o intangible, como los sentimientos, el tiempo, las palabras, los aprendizajes, los espacios, los objetos. Es dar de lo que tenemos. Pero... ¿Cómo lo hacemos? ¿Cómo logramos compartir?

Lo primero que tenemos que hacer es reconocer que todos los seres humanos tenemos una naturaleza egoísta. Siempre miramos por nosotros primero, luego por nosotros y después, por nosotros otra vez. El compartir aparece en escena para romper estructuras internas. Es un proceso completo de quiebre del egoísmo para que aparezca la palabra “nosotros”. Nos equivocamos cuando el énfasis lo fijamos en nuestra propia persona, ignorando al que nos rodea, nuestro prójimo.

Si un hombre quiere conseguir todo por sí mismo, seguramente obtendrá poco. Primero porque no conozco a nadie que reúna todos los talentos y habilidades que le permitan subsistir en soledad. Segundo, porque a mitad de camino quedará exhausto y difícilmente logre hacerlo. Solos no podemos. 

Cuando compartimos todo cambia. Nuestra realidad cambia: el día a día se convierte en un yo, tú, él, nosotros, ustedes. Juntos. Si compartimos la vida con alguien más, habrá un intercambio, una convivencia. 

Al enviar a su único hijo para salvarnos, Dios nos hace copartícipes de la gracia de Cristo. Además, nos constituye en Su Cuerpo, Su Iglesia, Su novia. Dios no tiene planes para Él sólo. Sus planes son para bendecir a todos. Nuestra vida cambia al compartir tiempo con Él. 

¿Qué es lo más valioso que posees? ¿Crees que puedas compartirlo con alguien?

Osvaldo Carnival