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ECLESIASTÉS 8:4-8 - Compara todas las versiones

ECLESIASTÉS 8:4-8NVI(Nueva Versión Internacional - Español)

Puesto que la palabra del rey tiene autoridad, ¿quién puede pedirle cuentas? El que acata sus órdenes no sufrirá daño alguno. El corazón sabio sabe cuándo y cómo acatarlas. Para todo lo que se hace hay un cuándo y un cómo, aunque el ser humano tiene en contra un gran problema: que ninguno conoce el futuro ni hay quien se lo pueda decir. Nadie tiene poder sobre el viento para retenerlo; ni hay quien tenga poder sobre el día de su muerte. No hay licencias durante la batalla, ni la maldad deja libre al malvado.

ECLESIASTÉS 8:3-8TLA(Traducción en Lenguaje Actual)

La autoridad del rey no se discute. Nadie puede pedirle cuentas. El rey puede hacer lo que quiera. Por eso no hay que salir de su presencia sin su permiso, ni tampoco insistir en hacer lo malo. Quien obedece sus órdenes no sufre ningún daño, y quien es inteligente sabe cuándo y cómo debe obedecerlas. Lo cierto es que todo tiene su cómo y su cuándo; nuestro gran problema es que no sabemos cuándo y cómo van a pasar las cosas, ni hay tampoco nadie que nos lo pueda decir. Nadie tiene tanto poder como para evitar la muerte y vivir para siempre. De la batalla entre la vida y la muerte nadie se libra, ni siquiera los malvados.

ECLESIASTÉS 8:4-8RVC(Reina Valera Contemporánea)

La palabra del rey es ley, y nadie puede cuestionarle nada. El que cumple con sus órdenes no sufrirá ningún mal, y la mente del sabio discierne el mejor momento de cumplirlas, pues todo proyecto tiene su momento para realizarlo. Pero pesa sobre el hombre un gran problema, y es que este no sabe lo que va a pasar, ni cuándo pasará, ni hay tampoco nadie que se lo diga. Nadie tiene poder sobre el espíritu, para retenerlo, ni tiene tampoco poder sobre la hora de la muerte. En esa guerra, las armas no sirven de nada, ni tampoco puede la maldad poner a salvo al malvado.

ECLESIASTÉS 8:4-8DHH94I(Biblia Dios Habla Hoy)

La palabra del rey tiene autoridad final, y nadie puede pedirle cuenta de sus actos. Al que cumple una orden, no le pasará nada malo, y el que es sabio entiende cuándo y cómo debe cumplirla. En realidad, hay un momento y un modo de hacer todo lo que se hace, pero el gran problema del hombre es que nunca sabe lo que va a suceder, ni hay nadie que se lo pueda advertir. No hay quien tenga poder sobre la vida, como para retenerla, ni hay tampoco quien tenga poder sobre la muerte. No hay quien escape de esta batalla. Al malvado no lo salvará su maldad.

ECLESIASTÉS 8:4-8RVR1960(Biblia Reina Valera 1960)

Pues la palabra del rey es con potestad, ¿y quién le dirá: Qué haces? El que guarda el mandamiento no experimentará mal; y el corazón del sabio discierne el tiempo y el juicio. Porque para todo lo que quisieres hay tiempo y juicio; porque el mal del hombre es grande sobre él; pues no sabe lo que ha de ser; y el cuándo haya de ser, ¿quién se lo enseñará? No hay hombre que tenga potestad sobre el espíritu para retener el espíritu, ni potestad sobre el día de la muerte; y no valen armas en tal guerra, ni la impiedad librará al que la posee.

ECLESIASTÉS 8:4-8LBLA(La Biblia de las Américas)

Puesto que la palabra del rey es soberana, ¿quién le dirá: Qué haces? ¶Él que guarda el mandato real no experimenta ningún mal; y el corazón del sabio conoce el tiempo y el modo. Porque para cada deleite hay un tiempo y un modo, aunque la aflicción del hombre sea mucha sobre él. Si nadie sabe qué sucederá, ¿quién le anunciará cómo ha de suceder? No hay hombre que tenga potestad para refrenar el viento con el viento, ni potestad sobre el día de la muerte; y no se da licencia en tiempo de guerra, ni la impiedad salvará a los que la practican.

ECLESIASTÉS 8:4-8NTV(Nueva Traducción Viviente)

Sus órdenes tienen el respaldo de su gran poder. Nadie puede oponerse ni cuestionarlas. Quienes lo obedezcan no serán castigados. Los sabios encontrarán el momento y la forma de hacer lo correcto, pues hay un tiempo y un modo para cada cosa, incluso cuando uno está en apuros. Además, ¿cómo puede uno evitar lo que no sabe que está por suceder? Nadie puede retener su espíritu y evitar que se marche. Nadie tiene el poder de impedir el día de su muerte. No hay forma de escapar de esa cita obligatoria: esa batalla oscura. Y al enfrentarse con la muerte, la maldad no rescatará al malvado.