ECLESIASTÉS 2
2
Los placeres son inútiles
1Me dije a mí mismo: “¡Ahora disfrutaré con alegría los placeres de esta vida!” Pero descubrí que también eso era inútil y me sentí vacío.
2Entonces pensé: “La diversión es locura. ¿Qué sentido tiene andar buscando placeres?”
3Reflexioné en lo profundo de mi corazón, mientras buscaba la sabiduría, y me dije: “Voy a probar alegrarme con vino#2:3 יַיִן (yáyin) sustantivo masculino singular, traduce: vino. En las culturas orientales semitas, el vino tenía un significado de felicidad, de traspasar los límites de la existencia, también significaba luz y alegría. Usaban el vino como bebida para alegrar los corazones de las personas que estaban experimentado momentos de dolor, como la pérdida de un ser querido, desastres naturales, enfermedades, entre otros sufrimientos. En la antigüedad, la práctica de embriagar a una persona con vino tenía como propósito mitigar el sufrimiento y hacerle olvidar, aunque fuera de manera momentánea, la aflicción que estaba viviendo. El dar vino se concebía como un acto legítimo para quienes padecían dolor, destinado a aliviar la pena. Al mismo tiempo, desempeñaba un papel central en las festividades y celebraciones por su relación con la alegría y disfrute en comunidad. No obstante, en Proverbios 31:1-7 se aconseja a los reyes que durante el ejercicio de su autoridad no deben consumir vino a fin de estar conscientes y claros de juicio al ejercer el gobierno con discernimiento y justicia.; para ver si en eso hallo alguna felicidad, como la que la mayoría de las personas encuentra en su corto paso por este mundo.”
4Tratando de encontrar el sentido de la vida realicé grandes obras, construí grandes mansiones y planté muchos viñedos; 5diseñé grandes jardines y parques, y en ellos sembré muchos árboles frutales; 6construí estanques de agua para regar los bosques y asegurar el crecimiento de los árboles; 7compré esclavos y esclavas, también nacieron en mi propiedad hijos de esclavos. Además, tuve más rebaños de vacas y ovejas que todos los que vivieron antes de mí en Jerusalén; 8acumulé mucha plata y oro, me quedé con los tesoros de otros reyes y de otras naciones. Tuve cantores y cantoras que me alegraban con sus voces, y disfruté de muchos placeres humanos; mujeres y concubinas fueron parte de mis deleites. 9Fui muy famoso, un gran personaje en mi época y tuve más riquezas que todos los que vivieron antes que yo en Jerusalén, y aun así mi sabiduría permaneció conmigo. 10Y tuve todo lo que quise, no negué a mis ojos nada de lo que desearon ni privé a mi corazón de ningún placer; supe disfrutar de todo mi trabajo, y esta alegría fue mi recompensa. 11Pero al final llegué a la conclusión de que todas las obras que había hecho con mis manos y el esfuerzo que me costaron, no valían la pena. ¡Me di cuenta de que todo era vanidad, pura ilusión! Es como querer atrapar el viento: nada tiene sentido en esta vida.
El sabio y el necio
12¿Qué hará el sucesor del rey? Lo mismo que ya se ha hecho antes. Entonces me puse a reflexionar sobre la sabiduría, la necedad y la estupidez.
13Llegué a la conclusión de que, aunque la sabiduría humana sea finita y limitada, es mucho más provechosa que la estupidez; así como la luz es más provechosa que las tinieblas.
14El sabio sabe lo que hace, mas el necio anda en la oscuridad; pero al final de todo, tanto el sabio como el necio tendrán el mismo destino: todos van a morir.
15Entonces entré en una crisis profunda: si al final terminaré igual que el necio, ¿de qué me sirve toda mi sabiduría? ¡Me di cuenta que eso también es vanidad, nada de eso tiene sentido!
16Porque nadie se acordará para siempre ni del sabio ni del necio; en el futuro todos serán olvidados; al igual que muere el necio también muere el sabio.
17Como nada en este mundo me causaba felicidad, terminé odiando la vida. Lo cierto es que todo es vanidad, nada tiene sentido; ¡todo es como querer atrapar el viento!
18Odié todo el trabajo que había realizado en esta vida y lo que acumulé, porque otros disfrutarán el fruto de mi esfuerzo. Yo no podré llevarme nada.
19Tampoco sé si el que heredará todo lo mío será sabio o necio, todo el trabajo que tanto me costó y en el que puse toda mi sabiduría, eso también es vanidad.
20Y volví a deprimirme al pensar en todo el trabajo y el esfuerzo que he tenido en esta vida. 21Qué triste es que alguien, sin haber trabajado ni hecho esfuerzo alguno, se quede con todo el fruto del trabajo de toda una vida, de otra persona que entregó su sabiduría, conocimiento y habilidad para alcanzarlo. ¡Eso también es vanidad, nada de eso tiene sentido, es una enorme desgracia!
22Entonces, ¿qué gana uno trabajando sin parar? ¿De qué le servirá todo su trabajo y preocupaciones en esta vida? 23Porque todos sus días son dolores, enojos y fatigas; aun de noche no descansa su mente, porque está pensando en su trabajo. ¡Esto también es vanidad; nada de eso tiene sentido!
24Por eso, lo mejor que el ser humano puede hacer en esta vida es comer, beber y disfrutar del fruto de su trabajo. He comprendido que esto también es un regalo de Dios, 25porque, si no fuera por Él#2:25 En algunos manuscritos hebreos, en la Septuaginta griega y en la versión Siríaca dice “por Dios o por Él”, pero en el texto masorético dice: “por mí”. , ¿quién podría comer y ser feliz?
26Porque a la persona buena Dios le da sabiduría, conocimiento y felicidad; pero al pecador le da la tarea de trabajar duro y acumular riquezas, para que luego Dios regale esas riquezas a la persona que le agrada. ¡Pero eso tampoco tiene sentido! ¡Es como querer atrapar el viento!
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