Mateo 4:3-17
Mateo 4:3-17 TLA
Entonces llegó el diablo para ponerle una trampa, y le dijo: —Si en verdad eres el Hijo de Dios, ordena que estas piedras se conviertan en pan. Jesús le contestó: —La Biblia dice: “No solo de pan vive la gente; también necesita obedecer todo lo que Dios manda.” Después el diablo llevó a Jesús a la ciudad de Jerusalén. Allí lo subió a la parte más alta del templo, y le dijo: —Si en verdad eres el Hijo de Dios, tírate abajo, pues la Biblia dice: “Dios mandará a sus ángeles para que te cuiden. Ellos te sostendrán, para que no te lastimes los pies contra ninguna piedra.” Jesús le contestó: —La Biblia también dice: “Nunca trates de hacer caer a tu Dios en una trampa”. Por último, el diablo llevó a Jesús a una montaña muy alta. Desde allí podían verse los países más ricos y poderosos del mundo. El diablo le dijo: —Todos estos países serán tuyos, si te arrodillas delante de mí y me adoras. Jesús le respondió: —Vete de aquí, Satanás, porque la Biblia dice: “Adoren a Dios y obedézcanlo solo a él”. Entonces el diablo se fue, y unos ángeles vinieron a servir a Jesús. Cuando Jesús oyó que Juan el Bautista estaba en la cárcel, se marchó a la región de Galilea. Pero no volvió a su casa en Nazaret, sino que se fue a vivir a Cafarnaúm. Este pueblo se encuentra a orillas del Lago de Galilea. Allí vivieron las tribus israelitas de Zabulón y de Neftalí. Así se cumplió lo que Dios había dicho por medio del profeta Isaías, cuando escribió: «Escucha, tierra de Zabulón, que estás cerca del gran mar; escucha, tierra de Neftalí, que estás al oeste del río Jordán; escucha tú, Galilea, tierra de extranjeros. Aunque tu gente viva en la oscuridad, verá una gran luz. Una luz alumbrará a los que vivan en sombra de muerte.» Desde entonces, Jesús comenzó a decirles a todos: «Vuélvanse a Dios, porque su reino se va a establecer aquí».











