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Proverbios 1:7-29

Proverbios 1:7-29 RVC

El principio de la sabiduría es el temor al Señor; los necios desprecian la sabiduría y la enseñanza. Atiende, hijo mío, las correcciones de tu padre, y no desprecies las enseñanzas de tu madre; adorno de gracia serán sobre tu cabeza, y collares alrededor de tu cuello. Hijo mío, si los pecadores quisieran engañarte, no te dejes llevar por ellos. Tal vez te digan: «¡Ven con nosotros! Estemos al listos para derramar sangre. Pongamos trampas a los inocentes. Seamos como el sepulcro, como el mar profundo, y traguémonos viva y entera a la gente. Hallaremos toda clase de riquezas y llenaremos con ellas nuestras casas. Comparte tu destino con nosotros, y compartiremos todos una misma bolsa.» Pero, hijo mío, no vayas por su camino; ¡aleja tus pasos de sus veredas! Sus pies corren hacia el mal, ¡se apresuran a derramar sangre! No tiene caso tender una trampa a la vista de todas las aves; pero ellos atentan contra su propia vida; ¡ellos mismos se tienden la trampa! Así son los caminos de la gente ambiciosa: ¡su propia ambición les quita la vida! La sabiduría clama en las calles, y deja oír su voz por las plazas. Clama en los principales puntos de encuentro; a la entrada de la ciudad expone sus razones: «Ustedes, muchachos inexpertos y burlones, ¿hasta cuándo seguirán amando la simpleza? ¿Hasta cuándo seguirán burlándose de todo? ¿Hasta cuándo odiarán el conocimiento? ¡Presten atención a mis reprensiones! Yo derramaré mi espíritu sobre ustedes, y les daré a conocer mis argumentos. »Pero yo los llamé, y nadie quiso oírme; les tendí la mano, y nadie me hizo caso; al contrario, despreciaron todos mis consejos y no quisieron recibir mi corrección. Por eso, yo me burlaré de ustedes cuando les ocurra la temida calamidad, cuando la calamidad que tanto temen les llegue como un torbellino; ¡cuando les ocurran dificultades y angustias! Entonces me llamarán, y no les responderé; me buscarán de mañana, y no me hallarán. Puesto que odian la sabiduría, y no escogieron temer al Señor

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Proverbios 1:7-29 - El principio de la sabiduría es el temor al Señor; los necios desprecian la sabiduría y la enseñanza. Atiende, hijo mío, las correcciones de tu padre, y no desprecies las enseñanzas de tu madre; adorno de gracia serán sobre tu cabeza, y collares alrededor de tu cuello. Hijo mío, si los pecadores quisieran engañarte, no te dejes llevar por ellos. Tal vez te digan: «¡Ven con nosotros! Estemos al listos para derramar sangre. Pongamos trampas a los inocentes. Seamos como el sepulcro, como el mar profundo, y traguémonos viva y entera a la gente. Hallaremos toda clase de riquezas y llenaremos con ellas nuestras casas. Comparte tu destino con nosotros, y compartiremos todos una misma bolsa.» Pero, hijo mío, no vayas por su camino; ¡aleja tus pasos de sus veredas! Sus pies corren hacia el mal, ¡se apresuran a derramar sangre! No tiene caso tender una trampa a la vista de todas las aves; pero ellos atentan contra su propia vida; ¡ellos mismos se tienden la trampa! Así son los caminos de la gente ambiciosa: ¡su propia ambición les quita la vida! La sabiduría clama en las calles, y deja oír su voz por las plazas. Clama en los principales puntos de encuentro; a la entrada de la ciudad expone sus razones: «Ustedes, muchachos inexpertos y burlones, ¿hasta cuándo seguirán amando la simpleza? ¿Hasta cuándo seguirán burlándose de todo? ¿Hasta cuándo odiarán el conocimiento? ¡Presten atención a mis reprensiones! Yo derramaré mi espíritu sobre ustedes, y les daré a conocer mis argumentos. »Pero yo los llamé, y nadie quiso oírme; les tendí la mano, y nadie me hizo caso; al contrario, despreciaron todos mis consejos y no quisieron recibir mi corrección. Por eso, yo me burlaré de ustedes cuando les ocurra la temida calamidad, cuando la calamidad que tanto temen les llegue como un torbellino; ¡cuando les ocurran dificultades y angustias! Entonces me llamarán, y no les responderé; me buscarán de mañana, y no me hallarán. Puesto que odian la sabiduría, y no escogieron temer al SeñorProverbios 1:7-29 - El principio de la sabiduría es el temor al Señor; los necios desprecian la sabiduría y la enseñanza. Atiende, hijo mío, las correcciones de tu padre, y no desprecies las enseñanzas de tu madre; adorno de gracia serán sobre tu cabeza, y collares alrededor de tu cuello. Hijo mío, si los pecadores quisieran engañarte, no te dejes llevar por ellos. Tal vez te digan: «¡Ven con nosotros! Estemos al listos para derramar sangre. Pongamos trampas a los inocentes. Seamos como el sepulcro, como el mar profundo, y traguémonos viva y entera a la gente. Hallaremos toda clase de riquezas y llenaremos con ellas nuestras casas. Comparte tu destino con nosotros, y compartiremos todos una misma bolsa.» Pero, hijo mío, no vayas por su camino; ¡aleja tus pasos de sus veredas! Sus pies corren hacia el mal, ¡se apresuran a derramar sangre! No tiene caso tender una trampa a la vista de todas las aves; pero ellos atentan contra su propia vida; ¡ellos mismos se tienden la trampa! Así son los caminos de la gente ambiciosa: ¡su propia ambición les quita la vida! La sabiduría clama en las calles, y deja oír su voz por las plazas. Clama en los principales puntos de encuentro; a la entrada de la ciudad expone sus razones: «Ustedes, muchachos inexpertos y burlones, ¿hasta cuándo seguirán amando la simpleza? ¿Hasta cuándo seguirán burlándose de todo? ¿Hasta cuándo odiarán el conocimiento? ¡Presten atención a mis reprensiones! Yo derramaré mi espíritu sobre ustedes, y les daré a conocer mis argumentos. »Pero yo los llamé, y nadie quiso oírme; les tendí la mano, y nadie me hizo caso; al contrario, despreciaron todos mis consejos y no quisieron recibir mi corrección. Por eso, yo me burlaré de ustedes cuando les ocurra la temida calamidad, cuando la calamidad que tanto temen les llegue como un torbellino; ¡cuando les ocurran dificultades y angustias! Entonces me llamarán, y no les responderé; me buscarán de mañana, y no me hallarán. Puesto que odian la sabiduría, y no escogieron temer al SeñorProverbios 1:7-29 - El principio de la sabiduría es el temor al Señor; los necios desprecian la sabiduría y la enseñanza. Atiende, hijo mío, las correcciones de tu padre, y no desprecies las enseñanzas de tu madre; adorno de gracia serán sobre tu cabeza, y collares alrededor de tu cuello. Hijo mío, si los pecadores quisieran engañarte, no te dejes llevar por ellos. Tal vez te digan: «¡Ven con nosotros! Estemos al listos para derramar sangre. Pongamos trampas a los inocentes. Seamos como el sepulcro, como el mar profundo, y traguémonos viva y entera a la gente. Hallaremos toda clase de riquezas y llenaremos con ellas nuestras casas. Comparte tu destino con nosotros, y compartiremos todos una misma bolsa.» Pero, hijo mío, no vayas por su camino; ¡aleja tus pasos de sus veredas! Sus pies corren hacia el mal, ¡se apresuran a derramar sangre! No tiene caso tender una trampa a la vista de todas las aves; pero ellos atentan contra su propia vida; ¡ellos mismos se tienden la trampa! Así son los caminos de la gente ambiciosa: ¡su propia ambición les quita la vida! La sabiduría clama en las calles, y deja oír su voz por las plazas. Clama en los principales puntos de encuentro; a la entrada de la ciudad expone sus razones: «Ustedes, muchachos inexpertos y burlones, ¿hasta cuándo seguirán amando la simpleza? ¿Hasta cuándo seguirán burlándose de todo? ¿Hasta cuándo odiarán el conocimiento? ¡Presten atención a mis reprensiones! Yo derramaré mi espíritu sobre ustedes, y les daré a conocer mis argumentos. »Pero yo los llamé, y nadie quiso oírme; les tendí la mano, y nadie me hizo caso; al contrario, despreciaron todos mis consejos y no quisieron recibir mi corrección. Por eso, yo me burlaré de ustedes cuando les ocurra la temida calamidad, cuando la calamidad que tanto temen les llegue como un torbellino; ¡cuando les ocurran dificultades y angustias! Entonces me llamarán, y no les responderé; me buscarán de mañana, y no me hallarán. Puesto que odian la sabiduría, y no escogieron temer al SeñorProverbios 1:7-29 - El principio de la sabiduría es el temor al Señor; los necios desprecian la sabiduría y la enseñanza. Atiende, hijo mío, las correcciones de tu padre, y no desprecies las enseñanzas de tu madre; adorno de gracia serán sobre tu cabeza, y collares alrededor de tu cuello. Hijo mío, si los pecadores quisieran engañarte, no te dejes llevar por ellos. Tal vez te digan: «¡Ven con nosotros! Estemos al listos para derramar sangre. Pongamos trampas a los inocentes. Seamos como el sepulcro, como el mar profundo, y traguémonos viva y entera a la gente. Hallaremos toda clase de riquezas y llenaremos con ellas nuestras casas. Comparte tu destino con nosotros, y compartiremos todos una misma bolsa.» Pero, hijo mío, no vayas por su camino; ¡aleja tus pasos de sus veredas! Sus pies corren hacia el mal, ¡se apresuran a derramar sangre! No tiene caso tender una trampa a la vista de todas las aves; pero ellos atentan contra su propia vida; ¡ellos mismos se tienden la trampa! Así son los caminos de la gente ambiciosa: ¡su propia ambición les quita la vida! La sabiduría clama en las calles, y deja oír su voz por las plazas. Clama en los principales puntos de encuentro; a la entrada de la ciudad expone sus razones: «Ustedes, muchachos inexpertos y burlones, ¿hasta cuándo seguirán amando la simpleza? ¿Hasta cuándo seguirán burlándose de todo? ¿Hasta cuándo odiarán el conocimiento? ¡Presten atención a mis reprensiones! Yo derramaré mi espíritu sobre ustedes, y les daré a conocer mis argumentos. »Pero yo los llamé, y nadie quiso oírme; les tendí la mano, y nadie me hizo caso; al contrario, despreciaron todos mis consejos y no quisieron recibir mi corrección. Por eso, yo me burlaré de ustedes cuando les ocurra la temida calamidad, cuando la calamidad que tanto temen les llegue como un torbellino; ¡cuando les ocurran dificultades y angustias! Entonces me llamarán, y no les responderé; me buscarán de mañana, y no me hallarán. Puesto que odian la sabiduría, y no escogieron temer al SeñorProverbios 1:7-29 - El principio de la sabiduría es el temor al Señor; los necios desprecian la sabiduría y la enseñanza. Atiende, hijo mío, las correcciones de tu padre, y no desprecies las enseñanzas de tu madre; adorno de gracia serán sobre tu cabeza, y collares alrededor de tu cuello. Hijo mío, si los pecadores quisieran engañarte, no te dejes llevar por ellos. Tal vez te digan: «¡Ven con nosotros! Estemos al listos para derramar sangre. Pongamos trampas a los inocentes. Seamos como el sepulcro, como el mar profundo, y traguémonos viva y entera a la gente. Hallaremos toda clase de riquezas y llenaremos con ellas nuestras casas. Comparte tu destino con nosotros, y compartiremos todos una misma bolsa.» Pero, hijo mío, no vayas por su camino; ¡aleja tus pasos de sus veredas! Sus pies corren hacia el mal, ¡se apresuran a derramar sangre! No tiene caso tender una trampa a la vista de todas las aves; pero ellos atentan contra su propia vida; ¡ellos mismos se tienden la trampa! Así son los caminos de la gente ambiciosa: ¡su propia ambición les quita la vida! La sabiduría clama en las calles, y deja oír su voz por las plazas. Clama en los principales puntos de encuentro; a la entrada de la ciudad expone sus razones: «Ustedes, muchachos inexpertos y burlones, ¿hasta cuándo seguirán amando la simpleza? ¿Hasta cuándo seguirán burlándose de todo? ¿Hasta cuándo odiarán el conocimiento? ¡Presten atención a mis reprensiones! Yo derramaré mi espíritu sobre ustedes, y les daré a conocer mis argumentos. »Pero yo los llamé, y nadie quiso oírme; les tendí la mano, y nadie me hizo caso; al contrario, despreciaron todos mis consejos y no quisieron recibir mi corrección. Por eso, yo me burlaré de ustedes cuando les ocurra la temida calamidad, cuando la calamidad que tanto temen les llegue como un torbellino; ¡cuando les ocurran dificultades y angustias! Entonces me llamarán, y no les responderé; me buscarán de mañana, y no me hallarán. Puesto que odian la sabiduría, y no escogieron temer al SeñorProverbios 1:7-29 - El principio de la sabiduría es el temor al Señor; los necios desprecian la sabiduría y la enseñanza. Atiende, hijo mío, las correcciones de tu padre, y no desprecies las enseñanzas de tu madre; adorno de gracia serán sobre tu cabeza, y collares alrededor de tu cuello. Hijo mío, si los pecadores quisieran engañarte, no te dejes llevar por ellos. Tal vez te digan: «¡Ven con nosotros! Estemos al listos para derramar sangre. Pongamos trampas a los inocentes. Seamos como el sepulcro, como el mar profundo, y traguémonos viva y entera a la gente. Hallaremos toda clase de riquezas y llenaremos con ellas nuestras casas. Comparte tu destino con nosotros, y compartiremos todos una misma bolsa.» Pero, hijo mío, no vayas por su camino; ¡aleja tus pasos de sus veredas! Sus pies corren hacia el mal, ¡se apresuran a derramar sangre! No tiene caso tender una trampa a la vista de todas las aves; pero ellos atentan contra su propia vida; ¡ellos mismos se tienden la trampa! Así son los caminos de la gente ambiciosa: ¡su propia ambición les quita la vida! La sabiduría clama en las calles, y deja oír su voz por las plazas. Clama en los principales puntos de encuentro; a la entrada de la ciudad expone sus razones: «Ustedes, muchachos inexpertos y burlones, ¿hasta cuándo seguirán amando la simpleza? ¿Hasta cuándo seguirán burlándose de todo? ¿Hasta cuándo odiarán el conocimiento? ¡Presten atención a mis reprensiones! Yo derramaré mi espíritu sobre ustedes, y les daré a conocer mis argumentos. »Pero yo los llamé, y nadie quiso oírme; les tendí la mano, y nadie me hizo caso; al contrario, despreciaron todos mis consejos y no quisieron recibir mi corrección. Por eso, yo me burlaré de ustedes cuando les ocurra la temida calamidad, cuando la calamidad que tanto temen les llegue como un torbellino; ¡cuando les ocurran dificultades y angustias! Entonces me llamarán, y no les responderé; me buscarán de mañana, y no me hallarán. Puesto que odian la sabiduría, y no escogieron temer al Señor

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