Proverbios 8:17-36
Proverbios 8:17-36 NVI
A los que me aman, les correspondo; a los que me buscan, me doy a conocer. Conmigo están las riquezas y la honra, los bienes duraderos y la justicia. Mi fruto es mejor que el oro fino; mi cosecha sobrepasa a la plata refinada. Voy por el camino de la rectitud, por los senderos de la justicia, enriqueciendo a los que me aman y acrecentando sus tesoros. »El SEÑOR me dio la vida como primicia de sus obras, mucho antes de sus obras de antaño. Fui establecida desde la eternidad, desde antes de que existiera el mundo. No existían los grandes mares cuando yo nací; no había entonces manantiales de abundantes aguas. Nací antes de que se cimentaran las montañas, antes de que fueran formadas las colinas, antes de que él creara la tierra y sus paisajes y el polvo primordial con que hizo el mundo. Cuando Dios cimentó la bóveda celeste y trazó el horizonte sobre el abismo, allí estaba yo presente. Cuando estableció las nubes en los cielos y reforzó las fuentes del abismo; cuando señaló los límites del mar, para que las aguas no desobedecieran su orden; cuando estableció los cimientos de la tierra, allí estaba yo a su lado, afirmando su obra. Día tras día me llenaba yo de alegría, siempre disfrutaba de estar en su presencia; me regocijaba en el mundo que él creó; ¡en el género humano me deleitaba! »Y ahora, hijos míos, escúchenme: dichosos los que siguen mis caminos. Atiendan a mi instrucción y sean sabios; no la descuiden. Dichosos los que me escuchan y a mis puertas están atentos cada día, esperando a la entrada de mi casa. En verdad, quien me encuentra halla la vida y recibe el favor del SEÑOR. Quien me rechaza se perjudica a sí mismo; quien me aborrece ama la muerte».





