Lamentaciones 3:39-63
Lamentaciones 3:39-63 NVI
¿Por qué habría de quejarse en vida quien es castigado por sus pecados? Examinemos y pongamos a prueba nuestras conductas y volvamos al SEÑOR. Elevemos al Dios de los cielos nuestro corazón y nuestras manos. Hemos pecado, hemos sido rebeldes, y tú no nos has perdonado. Te cubriste de ira y nos persigues; nos matas sin piedad. Te cubriste con una nube para no escuchar nuestra oración. Como a escoria despreciable nos has arrojado entre las naciones. Todos nuestros enemigos abren la boca para hablar mal de nosotros. Hemos sufrido terrores y trampas, ruina y destrucción. Ríos de lágrimas corren por mis mejillas porque ha sido destruida la hija de mi pueblo. Se inundarán en llanto mis ojos, sin cesar y sin consuelo, hasta que el SEÑOR contemple desde el cielo y vea. Me duele en lo más profundo del alma ver sufrir a las mujeres de mi ciudad. Mis enemigos me persiguen sin razón, y quieren atraparme como a un ave. Me quieren enterrar vivo y me tiraron piedras. Las aguas me han cubierto la cabeza; tal parece que me ha llegado el fin. Desde lo más profundo de la fosa invoqué, SEÑOR, tu nombre, y tú escuchaste mi plegaria: «No cierres tus oídos a mi clamor de alivio». Te invoqué, y viniste a mí; «No temas», me dijiste. Tú, Señor, te pusiste de mi parte; tú redimiste mi vida. Tú, SEÑOR, viste el mal que me causaron; ¡hazme justicia! Tú notaste su sed de venganza y todas sus maquinaciones en mi contra. SEÑOR, tú has escuchado sus insultos y todos sus planes en mi contra; tú sabes que todo el día mis enemigos murmuran y se confabulan contra mí. ¡Míralos! Hagan lo que hagan, se burlan de mí en sus canciones.





