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La Sala De EsperaSample

La Sala De Espera

DAY 1 OF 3

DÍA 1: Sí, esperar apesta.

¿Puedo ser honesto?

Esperar es difícil.
Esperar es incómodo.
Esperar se siente como tiempo perdido.

Hay lugares que ya ni visito porque odio hacer cola. ¡Como los parques de atracciones! Me encantan las montañas rusas, ¿pero la fila? No, gracias. Me fascinan los pasteles de azúcar, ¿pero la cola para comprarlos? Ni pensarlo. La comida podría ser increíble, los juegos inolvidables, ¿pero estar parado más de una hora para disfrutar algo dos minutos? Paso.

¿Te identificas? Esta misma inquietud aparece en otras áreas de la vida.

Al escribir esta devoción… pregunté a amigos y compañeros: “¿Qué estás esperando?”.

Algunos dijeron: “El amor prometido… un esposo, alguien con quien compartir la vida”.
Otros esperan sanidad… física, emocional o relacional. Algunos aguardan dirección… “¿Qué sigue, Señor? ¿Un trabajo? ¿Mi propósito?”.
Otros más esperan libertad… el fin de un largo juicio, un avance financiero.

Y justo en ese dolor e incertidumbre, Dios habla:

El Señor es bueno con los que en Él esperan, con el alma que Lo busca (Lamentaciones 3:25).

Estas palabras vienen de un libro lleno de dolor. Lamentaciones se escribió tras la destrucción de Jerusalén. Entre tanta pérdida, el autor halló un cimiento firme: Dios sigue siendo bueno. Especialmente con quienes Lo esperan.

Dios ve la sala de espera donde estás. Sabe por qué oraste, lloraste, ayunaste. No te castiga haciéndote esperar. Está preparando algo. Algo bueno.

Pero esta es la verdad: esperar no es pasivo. Según este versículo, esperar es buscar activamente. Es acercarte, incluso cuando quieres alejarte.

No importa cuán larga se sienta la fila, ni cuán cansada esté tu esperanza, recuerda: Dios sigue siendo bueno. Y Él vale la espera.

Quiero animarte a mantenerte arraigado en las Escrituras.

La espera descontrola nuestras emociones si no estamos arraigados en la Palabra. Las Escrituras nos reenfocan.

Prueba esto:

· Lee un Salmo cada mañana o noche (empieza con Salmo 27, 37 o 42).

“(...) No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4 RVR1960).

ORACIÓN:
Gracias, Padre, por vernos. Gracias porque estás cerca, no distante, en esta espera. Por tomar nuestra mano en esta sala.

Tu Palabra dice que eres bueno con quien te espera.
Hoy, te creemos.
Aunque no vea movimiento, te buscaremos.
Aunque haya silencio, confiaré en que sigues hablando.
Aunque la espera parezca interminable, creeremos que preparas algo que aun no entiendo.

Danos gracia para perseverar.
Danos fe para creer.
Ánclanos en tu bondad cuando dude.
Y, sobre todo, enséñame a amarte… simplemente por quién eres.

En el nombre de Jesús,
amén.