Jesús: El Asesino De La Muerte

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Devotional

Vivimos en una época oscura y difícil. La enfermedad y la muerte se extienden por todo el mundo. Todos nos preguntamos cuándo nos llegará a nosotros. De qué manera nos afectará. Son preguntas válidas. Son pensamientos importantes. Y las decisiones que tomemos en consecuencia tendrán un efecto a largo plazo. 


La muerte es un misterio incomprensible y una realidad inevitable que todos hemos de enfrentar.


Ya que la muerte es una realidad, procuramos encontrar formas de manejarla.


Algunas personas buscan manejarla mediante la negación. Ésta es la más débil de todas las posiciones. Es como decir que tú no existes. Puedes afirmar tan alto y tantas veces como quieras que no vas a morir, pero sí lo harás. 


Otros procuran abordar la muerte tratando de demorarla. Los programas de salud y bienestar, algunos medicamentos y un mejor cuidado para el final de la vida son algunos de las alternativas. Pensamos que el retrasar la muerte nos hará estar más preparados cuando llegue.


Una tercera forma de abordar la muerte es acelerarla. A veces, en respuesta a un dolor espiritual o a un sentimiento de falta de sentido, nos empeñamos en ir tras cosas que son perjudiciales para nuestra salud.


También hay algunos que se resignan ante la muerte. Tienen una respuesta de tipo práctico: "Va a llegar, así que déjenme hacer lo mejor que pueda ahora mismo y disfrutar de mi vida".


Algunos incluso dan un paso más y deciden hacer una contribución intencionada a la sociedad. Tal vez enseñen a los más jóvenes a vivir con sabiduría, compartan sus principios con los demás, escriban un libro, trabajen según sus dones y talentos, o incluso contribuyan con sus órganos vitales cuando mueran para que otros puedan vivir.


Ahora bien, ninguna de estas respuestas resuelve el problema de la muerte. Necesitamos que alguien más lo haga por nosotros.