La sequía arruina también a los poderosos con su poder. Se levantan y no creen ni en su propia vida. ʼELOHIM les da seguridad, y ellos confían en ella. Los ojos de Él observan sus caminos. Aunque ensalzados por un tiempo, desaparecen. Son abatidos, marchitados como plantas y cortados como espigas.