Cuando estaba en angustia, oró a YAVé su ʼELOHIM y se humilló grandemente ante el ʼELOHIM de sus antepasados. Cuando Manasés oró, Él fue movido por la súplica, escuchó su clamor y lo devolvió a Jerusalén, a su reino. Y Manasés reconoció que solo YAVé es ʼELOHIM.