Su gracia lo logrará

Devocionales

Nuestro encuentro con la gracia 


Nuestra experiencia con la gracia es un proceso, que contiene algunas definiciones que necesitamos entender para abrazarla con mayor fuerza. Nuestro primer encuentro con la gracia produce un efecto eterno, la «salvación»; pero el segundo encuentro, da inicio a un proceso de desarrollo, llamado «santificación». 


Nos predestinó 


El Señor nos llamó, escogió y glorificó. En otras palabras, de acuerdo a Dios, estoy sentado en lugares celestiales junto a Jesucristo. No estoy trabajando para llegar allí, ya llegué. Ahora estoy experimentando lo que significa vivir esa experiencia. Esto implica, que cuando Dios nos habla, nunca mira hacia abajo sino hacia el costado, porque estamos sentados en lugares celestiales en Cristo Jesús, Señor nuestro. Esto no depende de lo que yo haya hecho, sino de lo que Él hizo por mí en la cruz del Calvario. 


Por lo tanto, en la dimensión vertical de la gracia, concluye todo lo de Dios para mí. Hoy, soy tan hijo de Dios como el día de mi conversión. No estoy más bendecido hoy, de lo que Dios dijo que me bendijo el día de lo acepté en mi corazón. No soy más santo hoy, de lo que fui el día que Dios me declaró santo por medio de la sangre de Jesús. 


Debe saber que su fin fue preparado antes de iniciarse. Dios le dice que si camina en lo que Él ya predestinó de antemano para usted, no hay nada que lo pueda tocar, no hay nada que lo pueda dañar, separar o contaminar. Nadie puede juzgarlo ni condenarlo, porque si Dios, quien lo predestinó para que caminara en buenas obras desde antes de la creación del mundo, es con nosotros, quién contra nosotros. Dios está en el trabajo incesante de transformarnos a la misma imagen de su Hijo Jesús. 


Puede hacer todos los planes que desee, pero Dios es quien los ordena. La Biblia dice que muchos son los pensamientos que hay en el corazón del hombre, pero el Señor es el que ordena los pasos. Por lo tanto, si cree que está donde debe estar por su propia planificación, se equivocó. Él nos está transformando individual y colectivamente, ya que como iglesia también fuimos cambiados por la gracia. No nos están rehabilitando ni aliviando el dolor, nos está transformando de gloria en gloria, y lo que se transforma no se reconoce. El evangelio de transformación, cambia su miseria por riquezas inescrutables del glorioso Señor Jesucristo. Usted lleva su llanto, su queja y su duda, y Él se lo cambia por una expresión gloriosa de su gracia que lo ayuda a entender, que Él todavía no ha terminado con usted.