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Huyendo De Los Aplausos

DÍA 1 DE 3

Día 1: Huyendo de los aplausos

​Muchas veces, si no somos espiritualmente maduros, la admiración y el reconocimiento de las personas pueden sembrar en nuestro corazón la semilla de la vanidad que, más adelante, hará crecer el árbol del orgullo. En un abrir y cerrar de ojos, podemos pasar de hacer las cosas por amor y obediencia a Dios, a empezar a hacerlas para alimentar nuestro ego o para sentirnos bien con nosotros mismos.

​Ha habido ocasiones en las que me he encontrado a mí mismo esperando una palmada de reconocimiento en la espalda luego de hacer una excelente labor. Pero, ¿qué sucede cuando esa palmada no llega? ¿Estaré dispuesto a dar mi mayor esfuerzo, aunque quizás nadie lo reconozca? No olvidemos que todo lo que hacemos debemos hacerlo como para el Señor (Colosenses 3:23), y que el principal propósito de nuestras acciones debe ser glorificar a Jesús.

​La Biblia, en el libro de Samuel, narra la historia de un hombre que un día fue humilde, pero dejó que el orgullo tomara control de su ser. Ese hombre es el rey Saúl, quien, según el relato bíblico, hubo un tiempo en el que se miraba pequeño ante sus propios ojos. Tristemente, la historia de este rey ungido por el Señor termina con él mismo quitándose la vida.

​Pienso que tener un llamado o ministerio no nos hace inmunes a los efectos de la vanagloria; por el contrario, mientras más cargos y responsabilidades tenemos, tanto fuera como dentro de la iglesia, más propensos estamos a recibir palabras de agradecimiento y aplausos. Si estos no son recibidos por un corazón que reconoce sus debilidades y flaquezas, pueden llegar a ser el detonante que active el orgullo en nosotros. Por lo tanto, debemos ser cautelosos. Todo siervo de Dios debe apuntar a una sola cosa: que Cristo sea glorificado. De nada sirve que la gente nos siga a nosotros si no es con el fin de llevarlos a los pies de Jesús.

Oración del día

​Señor, te pido en el nombre de Jesús que pongas en mi corazón el deseo de servirte y servir a mis hermanos con humildad. Permíteme hacer todo esto por amor y no por el anhelo de reconocimiento o aplausos. Dame el discernimiento para reconocer cuándo estoy actuando con la intención de ser visto, en lugar de que Tú seas visto a través de mí. Dame la bendición de poder verme pequeño ante mis propios ojos y mantenerme así siempre, reconociendo mi necesidad de Ti. Hazme recordar que el reconocimiento humano es pasajero, pero que Tu recompensa es eterna. Aparta de mi camino todo aquello que me haga tener un concepto de mí mismo que no sea el que Tú tienes de mí. En el nombre de Jesús, amén.

Acerca de este Plan

Huyendo De Los Aplausos

Este devocional tiene como propósito el meditar en la importancia de huir de los reflectores y el reconocimiento. El corazón del hombre puede llenarse de orgullo fácilmente, es por esto que considero que debemos vivir huyendo de los aplausos.

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Nos gustaría agradecer a Melvin Estrada por proporcionar este plan. Para obtener más información, visite: www.instagram.com/melvinestrada_96?igsh=OTBwMDI2NTluNjJs