Las Situaciones AdversasMuestra

Interpretaciones Incorrectas a Situaciones Adversas
En la vida todos enfrentamos circunstancias difíciles que nos retan en lo más profundo. La diferencia entre salir fortalecidos o quedar atrapados en el dolor radica en la manera en que interpretamos esas situaciones. Los dos discípulos en el camino a Emaús nos muestran este dilema. Ellos habían escuchado el testimonio de mujeres que fueron al sepulcro y no hallaron el cuerpo de Jesús, quienes afirmaron haber visto ángeles que les anunciaban que Él vivía. Sin embargo, su tristeza y frustración eran tan grandes, que su entendimiento estaba nublado.
Estas mujeres, portadoras de esperanza, regresaron con un mensaje de vida. Ellas representan a esas personas que Dios pone en nuestro camino para mostrarnos que hay sentido y propósito incluso en medio de la adversidad. Pero cuando la ceguera espiritual domina, corremos el riesgo de desestimar esas palabras y seguir prisioneros de la desesperanza.
Lo mismo ocurrió en la historia de Lázaro. Jesús recibió la noticia de su enfermedad, pero en lugar de correr a su lado, permaneció más tiempo ayudando a otros. Cuando finalmente llegó, Lázaro ya había muerto y llevaba cuatro días en el sepulcro. A los ojos humanos, Jesús había llegado tarde. Marta, con el corazón cargado de dolor, expresó: "Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto." SAN JUAN 11:21 RV1960. Su afirmación deja entrever una fe incompleta y una interpretación equivocada de lo que estaba ocurriendo. Ella creía que Jesús tenía poder, pero no lo reconocía como la resurrección y la vida presentes. Jesús le respondió con claridad: "Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá." SAN JUAN 11:25 RV1960.
María, en cambio, adoptó otra postura. Al encontrarse con Jesús, dijo las mismas palabras que Marta, pero lo hizo de una manera distinta: se postró a sus pies y lloró. Ella no se escudó en un discurso religioso, no intentó racionalizar su dolor; simplemente lo entregó en la presencia de Jesús. Y en ese momento ocurrió algo maravilloso: “Jesús lloró” (Juan 11:35). El Hijo de Dios no solo mostró poder, también manifestó empatía y sensibilidad. María, a diferencia de Marta, tenía los ojos de su entendimiento más abiertos, y por eso pudo experimentar la cercanía de un Jesús que también se duele con nuestro dolor.
En medio de esa escena, algunos comenzaron a murmurar: "Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía este, que abrió los ojos al ciego, haber hecho también que Lázaro no muriera?" SAN JUAN 11:37 RV1960. Este comentario refleja la ceguera espiritual que surge cuando limitamos a Dios a nuestra lógica. El problema no era la falta de pruebas del poder de Jesús, sino la interpretación incorrecta de la situación.
Así nos pasa a nosotros. Muchas veces interpretamos nuestras adversidades desde la óptica del pasado y desde la limitación humana. Cuando el pasado tiene demasiado poder sobre nosotros, caminamos como el cangrejo: levantamos las tenazas hacia adelante, pero avanzamos hacia atrás. Nos cuesta mirar hacia el futuro porque seguimos anclados en lo que ya pasó.
Si Marta se aferraba a una esperanza distante —“sé que resucitará en el día postrero”—, María veía en Jesús la respuesta presente. La diferencia entre ambas es clara: Marta limitaba a Jesús a lo que sabía, mientras María se rendía a lo que creía.
La ceguera espiritual nos impide ver más allá de lo visible. Nos encierra en emociones como la frustración, la ira, la duda o la tristeza. Pero cuando los ojos del entendimiento se abren, interpretamos la adversidad con otra perspectiva: la de la esperanza, la fe y la confianza en que Jesús sigue siendo la resurrección y la vida, aquí y ahora.
Pregunta para reflexionar
¿Estás interpretando tus situaciones adversas desde la limitación de tu lógica y tu pasado, o desde la esperanza presente que representa tener a Jesús como resurrección y vida?
Oración
Señor Jesús, abre mis ojos para interpretar correctamente cada situación adversa. No permitas que el dolor, el miedo o el pasado determinen mis pasos. Enséñame a ver tu propósito en medio de las pruebas, a confiar en tu tiempo perfecto y a reconocerte como mi resurrección y mi vida hoy. Amén.
Acerca de este Plan

Cuando el pasado tiene poder sobre nosotros, nuestros ojos y pies se dirigen hacia atrás en nuestra ubicación natural, aunque no literalmente, pero sí en nuestra manera de pensar y vivir.
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Nos gustaría agradecer a Willington Ortiz por proporcionar este plan. Para obtener más información, visite: willingtonortiz.org









