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Rodeados por Dios
Cuando pensamos en la gloriosa verdad de que Dios, nuestro Padre Celestial, nos rodea, no podemos menos que respirar aliviados por su misericordiosa presencia y su divino cuidado de nosotros. ¿Por qué podemos estar seguros de que Él nos rodea? Porque Él lo dijo, Él lo prometió. Así lo entendió y lo creyó el rey David. “Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; Mi gloria, y el que levanta mi cabeza” (Sal. 3:3 RVR1960).
Son interesantes las palabras del salmista en el Salmo 34, éste comienza diciendo: “Bendeciré a Jehová en todo tiempo; su alabanza estará de continuo en mi boca” (RVR1960). Luego explica la razón de su adoración mencionando lo que Dios hace por Él. Te invito a que lo leas para que te deleites en las cosas que David sabía que Dios hacía por él y que también hace por nosotros.
Pero, para efectos de esta reflexión, quiero resaltar el siguiente versículo, “El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende” (Sal. 34:7 RVR1960). Trato de hacerme la imagen mental de esta promesa y por más que lo intento, no logro captarla en su totalidad. No obstante, me basta con saber que de algún modo milagroso y divino estoy rodeada por el ángel de Jehová, quien me defiende y me protege. No sólo a mí sino a todos los que tememos su nombre.
Es cierto que se trata de una verdad espiritual que es real para cada creyente, pero sólo la podemos disfrutar cuando tenemos conciencia de que Él es nuestro escudo. Sabernos rodeados por Dios nos hace sentir valientes, es lo que le sucedió al joven David cuando se enfrentó al gigante Goliat. Por su fe pudo decir, “Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos” (1 Sam.17:45 RVR1960). Desde una edad temprana David supo que Dios estaba con Él.
Fue el mismo David quien escribió el precioso Salmo 139, en el que habla de la continua presencia de Dios en su vida. En los versículos 5 y 6 dice: “Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano. Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender”(RVR1960).
No siempre tenemos esta conciencia, porque lo que ven nuestros ojos es lo que tenemos delante, con mejor o menor calidad según esté la condición de nuestra vista. Creo que el mejor ejemplo bíblico que tenemos de esta realidad es el de Giezi, el siervo del profeta Eliseo. Los sirios los tenían rodeados y eso era lo que él veía, esa era su realidad. Pero sabiéndolo Eliseo y viendo su temor, hizo la siguiente oración:
“Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo” (2 Rey. 6:17 RVR1960).
Pidamos al Señor que abra nuestros ojos espirituales para que le veamos en medio de todas nuestras circunstancias, Él siempre está con nosotros.
Acerca de este Plan

Dios es el Creador, el Altísimo, y su gloria llena los cielos y la tierra. Para los que hemos creído en Cristo como el Hijo de Dios y Salvador, hay una verdad absoluta en la cual podemos ampararnos, Dios nos rodea. En este plan iremos a la Palabra de Dios para que ella nos confirme la preciosa verdad de la continua presencia de Dios en nuestras vidas.
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Nos gustaría agradecer a Grettchen Figueroa por proporcionar este plan. Para obtener más información, visite: facebook.com/GrettchenStage
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