Señor, Quiero Producir Fruto

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Devocionales

«Ley de premios y castigos»

La ley de premios y castigos, se encuentra en todos los ámbitos de la vida, pero comienza en nuestra casa. Al nacer, nuestros padres nos recompensan cuando hacemos lo bueno y nos castigaban si hacemos lo malo. En la escuela, si sacábamos buenas notas se nos recompensaba y si reprobábamos, nos castigaban. Lo mismo ocurre en los trabajos. Nos dan aumento de sueldo si somos responsables con las tareas que nos han encomendado. En el caso de la iglesia, si somos comprometidos con las actividades de la iglesia, también seremos recompensados con alguna promoción. A través de esa forma de ver la vida, medimos nuestra relación con Dios.

En el capítulo 7 de Romanos, Pablo toma la relación matrimonial como una analogía para presentar la relación entre el cristiano y la ley. Porque desde que nacemos estamos casados con la ley. No se nos pidió permiso para eso. Todo a nuestro alrededor gira en torno al legalismo. Cada institución de la sociedad está destinada a amplificar nuestra relación con la ley.

Para comprender ese vínculo especial usaré a modo ejemplificador a través de una historia con dos personajes. El primero se llamará Carmen Gente y el segundo, Pedro Ley.

Carmen Gente se casó con Pedro Ley, deseosa en hacer feliz a su esposo. Lo ama, lo respeta, y está convencida de que serán felices. Sin embargo, poco tiempo después, el gozo se convierte en luchas y miserias. El problema surge, a razón de que Pedro Ley cree que su trabajo como esposo es señalar cada falta, cada deficiencia, cada uno de los errores de Carmen Gente. Ella está convencida que si no logra ser perfecta ante los ojos de su esposo, nunca podrá cumplir con su propósito y trabaja duro para mejorar su relación. Al fin y al cabo, ella sabe que un matrimonio requiere mucho trabajo. Pedro Ley no tiene misericordia de ella. Nunca resalta las cosas buenas que ella hace, ni las virtudes que tiene. Ella hace algo bueno, pero él señala las equivocaciones.

Imagine estar casado con alguien que su propósito de existencia es señalar sus faltas y acusarlo todo el tiempo. Esto es precisamente el propósito de la ley, definir los límites de lo correcto, para saber cuándo hizo lo malo.