DIOS NUNCA LLEGA TARDE

Dia 7 de 8 • Ver la lectura de hoy

Devocionales

¿Cuál árbol quieres ser?


Antes de empezar en el ministerio, nosotros veníamos leyendo la palabra de Dios, y saliendo poco a poco de esa esclavitud mental, dejando que Dios fuera abriendo nuestros pensamientos. No teníamos vivienda propia y estábamos atravesando por una situación complicada, mi suegro, tenía algún dinero y ya había repartido su herencia a varios de sus hijos y faltaba Ricardo mi esposo y otro de sus hermanos, así que siempre nos decía, si logro vender esta propiedad les voy a dar su herencia, y nosotros orábamos, ayunábamos, clamábamos al Señor por que se llevara a cabo este negocio, pero cuando salía, él se olvidaba de su promesa, y así sucedió varias veces, hasta que el Señor, nos enseñó a confiar solamente en Él, a no apoyarnos en los hombres y nos dio la palabra de Jeremías 17 “Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová. Será como la retama en el desierto, y no verá cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada. Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová”. 


Y entendimos que eso es lo que pasa cuando confiamos en los hombres, el corazón se aparta de Dios y te haces maldito, porque tu confianza debe estar siempre puesta en Dios, nunca en ningún hombre. Así que mi pregunta para ti hoy es: ¿Cuál árbol quieres ser? Ese que mora en sequedales en el desierto o el que está plantado junto a las aguas. ¿Cuál hombre quieres ser delante de Dios? Uno que acarrea para sí maldición por estar confiado en los hombres o aquel que solamente confía en Jehová.


En nuestro caso y para concluir nuestro testimonio, puedo decirte que cuando le dijimos al Señor que renunciábamos a esa herencia y pusimos nuestra confianza solo en Dios, empezamos a ver su bendición. Fue un tiempo de una prueba muy dura, en el que Él nos estaba preparando para el ministerio, nos estaba enseñando a ver milagros maravillosos. Lo único que hicimos fue comprometernos con Él y creerle, y puedo decirte que no hubo ni un solo día en medio de esa situación tan espantosa que estábamos viviendo, en el que no tuviéramos en nuestra mesa, desayuno, almuerzo y comida, Dios siempre suplía y así fuera en el último momento nos enviaba su provisión.


Así que basta ya de tener ese espíritu de impaciencia, ese espíritu que se ensoberbece contra Dios y todo lo exige y lo quiere ya, pues al Dios al que servimos, es un Dios de milagros, y en medio de la prueba Él toma ocasión para llevarnos más alto y más arriba. Y hoy con total autoridad porque ya lo viví, puedo decirte: ¡Dios es fiel!