El Valor De Lo Poco

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Devocional




El Valor de lo Poco


Te invito a recordar la vara de Moisés, una vara común y corriente que se convirtió en la vara de Dios. Estando en aquel lugar santo, donde ardía la zarza por la presencia de Dios, Moisés, escuchó aquella pregunta aparentemente simple. “¿Qué tienes en tu mano?” Con toda ingenuidad le contestó, “una vara.” Pero, desde ese momento aquella vara se convirtió en la vara de Dios, un instrumento de poder en las manos de Moisés. 




En otra historia bíblica, que también nos impacta por la intervención poderosa de Dios, nos encontramos con el profeta Elías en un momento de gran necesidad a causa de una sequía. Una mujer viuda de Sarepta, estaba en un momento crucial en el que era muy poco lo que tenía para subsistir. Cuando el profeta le preguntó qué tenía, ella le dijo que solo tenía un puñado de harina y un poco de aceite. Lo que no sabía era que Dios, a partir de lo poco que tenía, la abastecería de manera milagrosa, tanto a ella como a su hijo y a Elías.




Creo que muchos conocemos el momento en que Jesús hace el milagro de la multiplicación de los panes y los peces, no una sino dos veces. El milagro comenzó con cinco panes y dos peces. Cuando los discípulos lo vieron, su respuesta inmediata fue decir: “¿Qué es esto para tantos?” Muy probablemente, nosotros hubiéramos preguntado lo mismo. Sin embargo, en las manos de Jesús la bendición se desbordó, de tal manera, que proveyó alimento para más de diez mil personas.




¿Cuál es el denominador común de estas historias? Sin duda alguna, la manifestación del poder de Dios ante los ojos atónitos de quienes las vivieron. En todas ellas  Dios se glorificó. Pero también hay otro elemento común a las tres experiencias, y es que algo que estaba en las manos humanas pasó a estar en las manos de Dios.




Por alguna razón, tendemos a ver lo que somos o tenemos de manera insignificante. Miramos para el lado y pensamos que los demás están mejor y que es más valioso que lo nuestro. La verdad es que todo lo que pongamos en las manos del Señor, se llenará del brillo de su gloria. Somos barro y sin embargo, podemos ser vasos de honra, tenemos poco pero el poder de Dios lo multiplica para su gloria y para nuestra bendición.




“Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios.”  2 Cor. 9:10-11