Mantén Tu Enfoque en La Meta

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Devocional




Después de aplazar por un año los Juegos Olímpicos de verano en Tokio por causa de la pandemia, este año pudimos disfrutarlos gracias a los medios de comunicación y a las plataformas digitales que hacen posible que vibremos minuto a minuto con los torneos en las diferentes modalidades Olímpicas.


El atletismo, el tiro con arco, el ciclismo BMX Racing, la natación y la gimnasia artística se cuentan entre los que más disfruto a través de la TV. Pero algo que me llama poderosamente la atención es observar la pasión, entrega y dedicación de cada deportista por su disciplina olímpica; siempre compiten con un objetivo en mente “La medalla de oro” y para esto se preparan hasta el agotamiento por más de cuatro años consecutivos, sin importar las horas de práctica, si es en la madrugada, si llueve o hace mucho calor, si están deshidratados, o a pesar de que sus músculos no resistan más, todos compiten pensando en el día en que puedan subirse al podio de los triunfadores.


Al observar las escrituras me sorprende ver que el Apóstol Pablo de alguna manera también se vio afectado por la “Fiebre Olímpica”. En varios pasajes de sus cartas usó imágenes atléticas para animarnos a perseverar y a poner la mira en nuestro llamado y galardón celestial:


“… Mi único objetivo es terminar la carrera y completar la tarea que el Señor Jesús me ha encomendado: la tarea de dar testimonio de las buenas nuevas de la gracia de Dios.” (Hch. 20:24)


Si para Pablo el objetivo de los atletas era ir más allá, presionar más rápido, más lejos, más tiempo, solo por llegar a la meta y obtener el premio, como discípulo de Jesucristo su meta sería entonces ser como Cristo y para esto trabajaría, se enfocaría en terminar la carrera, él estaba absolutamente convencido de que lo que hacía: “Predicar las buenas nuevas de la gracia de Dios” valía la pena, hasta el punto de que creía que era algo por lo que estaría dispuesto a morir.


Hoy quiero animarte a meditar por unos minutos en lo siguiente: ¿A qué objetivo te está llamando Dios? ¿Cómo puedes mejorar tu enfoque? ¿Qué crees debes hacer para afinar tu don? Luego… Respira profundamente, hidrátate, y como un atleta en su punto de partida, corre con todo lo que Dios ha puesto en tu mente y corazón. ¡Que nada te detenga para llegar a la meta!