5 Verdades Para Liberarte Del Estrés

Dia 2 de 6 • Ver la lectura de hoy

Devocionales

VERDAD N° 1:  ¡Querer ser el ombligo, es tu mayor enemigo!


En un mundo donde todos están expuestos en las redes sociales, nos acostumbramos a mostrarles a todos, lo que hacemos en nuestra vida diaria. Algo que se suponía que nos traería un poco de entretenimiento se ha convertido en una maldición en nuestra vida.


El uso de las redes sociales se ha convertido en un medio para justificar nuestras acciones, mostrar lo buenas o hermosas que somos y afirmarnos a nosotras mismas. Si no quisiste decir algo, envías un mensaje. Si quieres mostrar lo inteligente que eres, colocas una foto de tu trabajo universitario. Si quieres que la gente vea cuán ocupado está tu horario, muestras un montón de historias todo el día. Si deseas mostrar cuán diligente has sido con tu dieta y ejercicio, una foto semidesnuda que expone toda la belleza de tu cuerpo. Y es más o menos eso...


Tristemente, hemos gastado toda nuestra energía y disposición para proteger nuestra reputación a toda costa. ¿Y dónde puede parar eso? ¡En la cama! La lucha arriesgada por proteger nuestra propia imagen nos quita la vida, dejándonos extremadamente exhaustas y, en consecuencia, enfermas.


Entonces, la primera verdad que debes tener bien en mente es: ¡deja de querer ser el ombligo del mundo!


Si tuviéramos que cambiar “ser el ombligo del mundo” por alguna expresión bíblica, sería “temor a los hombres”. Temer las opiniones de los demás nos hace correr detrás de nosotras mismas sin límites. Sin embargo, la Biblia nos enseña que “Temer a las personas es una trampa peligrosa...” (Proverbios 29.25a) y una de las trampas es lo que estamos viendo en esta pequeña serie: el estrés. Pero, ¿cómo podemos cambiar eso? “El que confía en el Señor está seguro” (Proverbios 29.25b).


La clave para dejar de querer ser el ombligo del mundo es confiar en Dios.


Ah! ¿Y sabes de qué otra manera, además de las redes sociales, mostramos cuánto queremos ser el ombligo del mundo y, en consecuencia, nos interesa la opinión de los demás? Nuestro lloriqueo – ¡Nos ofendemos fácilmente!


“El necio muestra enseguida su enojo, pero el prudente pasa por alto el insulto” (Proverbios 12.16)


La historia no se trata de ti y de cuán perfecta eres o buscas ser, sino de Dios. Dios no solo es el autor de la historia, sino el personaje principal. Lastimosamente, debido al pecado, intercambiamos esta verdad y nos ponemos en su lugar, creyendo que es nuestro papel cambiar el mundo con nuestra perfección. Sin embargo, la historia trata sobre cómo su perfección alcanzó lo imperfecto, a nosotras, y cómo su poder nos transforma.


No tenemos que luchar por nuestra reputación, porque en Dios ya tenemos todo lo que necesitamos: nueva vida, perdón cuando cometemos errores, fuerza para luchar contra el pecado (para hacernos mejores), desafíos diarios, y en consecuencia alivio.


Confiar en Dios en las áreas pequeñas y grandes de nuestras vidas trae descanso a nuestra mente y corazón.


Ante esto, ¿has confiado en Dios o has buscado con tus propias manos cuidarte? ¿Cómo has estado usando tus redes sociales? ¿Cómo ha sido tu actitud ante tus errores y éxitos? ¿Y cómo has reaccionado ante las ofensas?


No estás en este mundo para “presumir” ante los demás. Estás aquí para mirar al Señor y confiar en Él. Como un amigo me dijo hace años, “¡La vida es una invitación a confiar en Dios!”