Tu Promesa

Devocional

Cuando Dios habla, descansa en su poder 


(Harold Guerra)


No hay nada más triste que ver cristianos que sufren de amnesia espiritual. Cuando olvidamos las promesas que Dios nos ha dado, comenzamos a tener miedo. El temor produce desánimo y nos agota física y espiritualmente. Entonces, nuestro destino y propósito en Dios se ven obstruidos porque no entramos en el lugar de descanso que Dios nos ofrece.


Nuestro Padre celestial conoce nuestra tendencia a olvidar y es por eso que nos enseña a meditar constantemente en su Palabra. Nuestra mente necesita recordar a diario nuestra posición en Cristo, de lo contrario, comenzaremos a llevar pesadas cargas que nos cansarán y debilitarán. 


Por eso, cuando Dios llamó a Josué para que guiara a su pueblo a la tierra prometida, le dio promesas y lo exhortó a meditar en su palabra de día y de noche. Necesitamos desarrollar el hábito de meditar y recordar las promesas que Dios nos ha dado, si queremos descansar en el poder de Dios en nosotros. 


Para ser guiados a lugares de delicados pastos junto a aguas de reposo, tenemos que dejar que Dios sea nuestro pastor. Permitirle que él tome la posición de mando con su vara y su cayado para infundirnos aliento y guiarnos por sendas de justicia con sus promesas. 


Jesús nos exhorta a que vayamos a él cuando nos encontremos cansados, fatigados y llevando pesadas cargas. Él se encargará de darnos descanso y de enseñarnos el camino a seguir. Recordemos quién es él, meditemos en su poder. Ejercitemos el músculo de la memoria recordando las promesas que Dios nos ha dado.


Cuando Dios nos habla y nos da promesas, nos toca meditar en ellas, confiar y descansar en su poder. Lo que a nosotros nos falta, a Dios le sobreabunda. Él es el mismo ayer, hoy y siempre. Dios no cambia y sigue siendo quien es a pesar de como yo me sienta. La promesa de Dios es suficiente cuando yo me siento insuficiente porque su poder se perfecciona en mi debilidad.