Moneylife: Comprendiendo La Visión De Dios Sobre El Dinero

Día 2 de 5 • Ver la lectura de hoy

Devocionales

Independientemente de sus metas o necesidades financieras personales, manejar el dinero de manera inteligente requiere perseverancia.


José no era ajeno a la perseverancia. Se aferró a la esperanza en el Señor durante las circunstancias más difíciles. Aunque sus luchas no fueron desafíos financieros personales, las lecciones que podemos aprender de su vida son invaluables.


Hablamos de tener sueños para nuestro futuro, ¡pero José tuvo sueños literales sobre los suyos! En cada uno, el mensaje era el mismo: algún día, José estaría en una posición de gran autoridad, tanta autoridad que su padre y sus hermanos vendrían y se inclinarían ante él.


En los años siguientes, fue vendido como esclavo y enviado a Egipto, acusado falsamente de intento de abuso y pasó una cantidad significativa de tiempo en prisión. Estos contratiempos son suficientes para hacer que casi cualquiera pierda la esperanza, pero José aguantó, poniendo su total confianza en Dios.


Ponte en los zapatos de José, o en sandalias, por así decirlo. Imagínese sentado en la cárcel, marcando un día tras otro, preguntándose cuándo terminaría su tiempo allí. Piense en las dudas que pasarían por su mente cuando los días se convirtieran en semanas y luego en meses y luego en años. Se necesitaría una fe fuerte para creer en las promesas de Dios cuando todos sus sentidos físicos sugieren lo contrario.


Los problemas financieros pueden sentirse así: una prisión.


José no dejó que la amargura se apoderara de él. Mantuvo sus ojos firmemente en el Dios que había conocido desde la niñez, y su fe permaneció inquebrantable (ver Génesis 41:16).


Si bien José se mantuvo alejado de la ira y la amargura, es seguro asumir que luchó con el desánimo y el agotamiento emocional de vez en cuando. Esto le pasa al más fuerte de nosotros. Es lo que hacemos con nuestras ansiedades y tristezas lo que cuenta.


¡Alégrate! Dios es el gran Proveedor. Él no nos da más de lo que podemos soportar, y promete nunca dejarnos ni desampararnos. Jesús les dijo a sus discípulos que no permitieran que la ansiedad se afianzara, porque tal preocupación corroe nuestra confianza en Dios.


Piense en eso: ¡Nuestro Dios es tan grande y tan bondadoso que incluso puede usar nuestro pecado y rebelión para producir el bien! No importa nuestra situación financiera o los errores que hayamos cometido en el pasado, Dios puede cambiar las cosas alrededor.


Nuestra esperanza no depende del estado de la economía de nuestra nación o de una solución rápida a nuestro dolor financiero, y ciertamente no reside en nosotros mismos. ¡Nuestra esperanza descansa en nuestro gran Dios!