El Espiritu Santo - Entre el Padre y el Hijo

Devocional

La promesa del Consolador
Querido lector, cuando Jesús estuvo en la tierra, era el consuelo, el alivio, una torre fuerte para todos aquellos que tuvieron el privilegio no solo de conocerlo de primera mano, sino de caminar por casi tres años a su lado. Él fue el oportuno socorro para todos los desanimados y quebrantados de corazón que acudían en masa a Él para ser tranquilizados y fortalecidos en sus luchas diarias.

Toda angustia, dolor, necesidad o sufrimiento, en confianza sus seguidores la cargaban sobre Él y como todo amoroso Dios, Jesús curaba toda herida con bálsamo, y con sabiduría daba solución para cada situación. Las angustias y las tristezas se consideraban alegrías, porque estas, daban una maravillosa oportunidad para ir cerca de Jesús, para que Él las pudiera curar y de paso recibir de Él una de esas miradas que te aseguraban que “Todo iba a estar bien”.

Solo después de haber caminado con Él por un par de años, y próximo al cumplimiento de todas las profecías sobre su muerte y resurrección; Jesús les aseguró a sus discípulos que si verdaderamente le amaban y obedecían sus mandamientos, Él le pediría al Padre que les enviara otro Consolador, desconocido por ellos hasta ese momento; alguien que estaría al igual que Jesús, junto a ellos en todo instante, con el fin de seguir disfrutando de la plenitud de vida que de alguna forma los discípulos habían experimentado con Jesús en los últimos casi tres años de sus vidas.

El “Otro” al que refería Jesús: “El uno junto a mí, además de mí y en adición a mí, aunque exactamente igual a mí “. Y que en su ausencia haría lo que Jesús hubiere hecho si estuviera presente sería el Espíritu Santo.

Querido amigo (a), sabías que un encuentro personal con Dios solo es posible si el Consolador prometido por Jesús nos visita en nuestras tragedias, tristezas, quebrantos y necesidades más apremiantes. Él tiene el poder y la autoridad para transformar nuestras tinieblas en luz y abrir “Develar” la revelación de las escrituras “La Biblia” para nuestras vidas y de paso permitir para nosotros al igual que Jesús hizo con sus discípulos, que podamos tener una vida de significado y propósito.

Quisieras por tanto permitirle al Espíritu Santo entrar a tu vida y darle la oportunidad de experimentar a Dios de una forma purificadora, sanadora y redentora.

Vamos a orar: “Querido Jesús, te agradecemos por tu fidelidad y bondad para con nuestras vidas al cumplir la promesa de enviarnos al Espíritu Santo, Dios como tú y el Padre Celestial quien por tu amor y por tu gracia, nos purificará, limpiará y llenará de Ti. ¡Amén!”