El Poder en la Debilidad de la Cruz

Devocionales

Debilitante Experiencia


Pablo también se encontraba rodeado, presionado y perseguido, por personas que parecían tener avance, influencia y mayor poder. O sea, también se hallaba en una posición incómoda y enfrentando todo tipo de aflicciones y presiones. Experimentó azotes, naufragios, peligros en todo lugar; fuese en la ciudad, el desierto, mar, cárceles y también en la iglesia. Sufrió en trabajo y padeció fatiga, desvelos hambre, sed frío, desnudez y también fue apedreado. (2 Cor. 11:24-27)


En medio de tantas situaciones, Pablo se enfrenta ahora a los críticos. No hay algo tan desgastante y debilitante que enfrentar las críticas de la gente. El se encuentra entre la pared y la espada. Por un lado, si busca su defensa hablando de sus cualidades espirituales, sus críticos le señalarán y dirán:  ¿"Ven? ¿Qué dijimos? Es un orgulloso más" o por otro lado,  callaba y desmoralizaba la integridad espiritual de los corintios. Y es que la integridad espiritual de los corintios ante Cristo dependía en este momento de la estabilidad de su relación con Pablo. Y Pablo, no tiene más remedio que defenderse a sí mismo, por amor a ellos. Y la forma en que lo hace es sorprendente. 


Cuando la integridad está en juego, no es tiempo de sentarse a llorar, ni auto compadecerse, es momento de una débil y poderosa defensa. Puede sonar contradictorio, pero continúa leyendo y te sorprenderás del poder que hay en la defensa de la debilidad.


Dios le dio una visita al cielo, y durante catorce años, Pablo no dijo nada al respecto.  Él nunca quiso aparentar estar por encima de otros. El prefería ser visto como un cristiano cualquiera. Esto debido a que sabía que el poder divino no desciende por experiencias privilegiadas, sino a traves de las situaciones dolorosas y corrientes de la vida. Pablo no menospreciaba las grandes experiencias, Dios se las había dado. Sin embargo, al meditar en la forma en que debía presentarse ante aquella situación opresora, concluyó que las grandes experiencias no le dieron poder a su ministerio. El poder llegó durante la peor experiencia. Y es ahí, cuando se ve obligado a divulgar su mayor experiencia debilitante. Le fue dado un aguijón en su carne, con el que tuvo que aprender a vivir por catorce años.


Quizás no sea hasta ahora que logres comprender, que lo que hayas podido experimentar hasta hoy, no es algo con lo que estuvieses lideando por catorce largos años, o experimentarás por el resto de tu vida, ni tan punzante y doloroso como lo que Pablo experimentó. Un aguijón, una espina punzante.


Imagínalo de la siguiente manera...


Estás bajando desde una experiencia celestial, y ahora vas caminando por un sendero de vuelta al mundo real. Allí vas con tu cruz, pero con tu corazón inundado de gozo celestial, más allá de toda descripción posible, y de momento te topriezas y te caes, al poner la mano por instinto para mitigar el golpe, una espina se te clava en la mano. En un instante la alegría, es reemplazada por un dolor agudo; te examinas la mano y no sabes cómo sacar la espina. Ha penetrado profundamente; entonces te percatas, que esa espina nunca podrá ser quitada, nunca dejará de producir dolor punzante, y así será para el resto de tu vida. Todos los días, sea lo que sea que estés haciendo, pensando y a cada instante, 24 horas al día y los siete días de la semana; la espina siempre estará dolorosamente ahí. Y esa horrible realidad, fue la "normalidad" de Pablo.


Pablo comenzó a usar una debilitante experiencia en su más poderoso modo de defensa.


Piensa ahora en lo siguiente, mientras seguimos un día  la vez, caminando sin mirar atrás y cargando nuestra cruz.  ¿Hay algo de tus debilitantes experiencias hoy que se puedan convertir en un modo de poderosa defensa? Quizás esto pueda también convertirse en tu "normalidad".