Viñeta roja

Devocionales

Cuando pienso en gracia, se me dibuja un esquema mental con dos cuadrantes; Por un lado, está regalo versus premio.  Y ahí estoy yo, recibiendo un regalo, algo que no merecía, pero le plació darme al creador.


Entonces, digo con toda seguridad y agradecimiento: SU GRACIA ME HA SOSTENIDO. Su gracia me ha llevado, me ha dado, ha hecho por mí y para mí, ¡cosas increíbles! Que obviamente jamás podré pagar.


Empezando por la salvación y continuando con poder escribirles a ustedes, ¡ENSERIO! son mi oración contestada y es que tengo tres décadas de disfrutar la gracia de Dios que lo mínimo que puedo hacer es hablar de ella y mostrarles que tiene una gran viñeta roja como su sangre preciosa.


En otras palabras, la gracia es un regalo pero es directamente proporcional a la acción de recibirlo. Por ejemplo, sí alguien me envía girasoles (regalo) yo las recibo y las pongo en un florero, en esos momentos se concreta la acción.  Sin embargo, la operación queda a medias sí yo lo rechazo. Y es ahí, cuando concluimos que: Los girasoles fueron comprados para mí, pero no disfrutados por mí.


Pasa lo mismo con esto.  La gracia es el regalo y la fe es nuestra acción para recibirla (Efesios 2:8). 


La palabra ‘gracia’ viene del origen latín "Gratía" que es sinónimo de ‘favor ó beneficio inmerecido’. Es tan increíble y lleno de significado porque nos alcanza a todos igualmente.


¿Lo dudas? Recuerda a Rahab en Jericó y su cordón rojo, una mujer, menospreciada por la sociedad y usada para el placer sexual de los hombres. La gracia de Dios la alcanzo y la hizo parte de su plan perfecto a tal punto que forma parte del linaje de Jesús.


¡Tenemos un Dios increíble, lleno de gracia y amor!