El libro de 1 Corintios con Jennie Allen: un estudio bíblico en video

Dia 2 de 5 • Ver la lectura de hoy

Devocionales

Piensa como Jesús


La ley de la escasez domina nuestro mundo. Es una perspectiva que cree que solo tenemos cierta cantidad para repartir: tanta comida, tanto afecto, tanto avance, tanto amor, etc., y dado que todas estas cosas buenas tienen un alcance limitado, nos volvemos codiciosos por lo que creemos es lo poco disponible para nosotros. Vivimos con miedo de perder lo poco que tenemos. Tiramos hacia adentro, protegiendo los éxitos, las relaciones y las posesiones que tenemos sin energía ni confianza de compartirlos.


La sociedad fomenta esta actitud de "yo primero" diciéndonos que hagamos más, nos esforcemos más, ganemos lo que podamos, haciendo lo que sea necesario. Qué manera tan agotadora de vivir.


Afortunadamente, Jesús nos ha liberado de la esclavitud de ponernos a nosotros mismos en primer lugar. Nos ofrece una perspectiva al revés acerca de cómo es realmente la vida abundante. Después de todo, él es un salvador crucificado, el Hijo de Dios que vino a servir a los menospreciados, quien predicó que los últimos serían los primeros y los primeros últimos, y que la verdadera vida sólo podía ser encontrada cuando la perdíamos. Sus bienaventuranzas (ver Mateo 5 y Lucas 6) desconciertan a la sabiduría común del mundo, volcando su lógica de "supervivencia del más apto" con "bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra" (Mat. 5:5)


En nuestro pasaje de hoy, Pablo alienta a los corintios a pensar como Jesús en lugar de como el mundo:


 "¿No ha convertido Dios en locura la sabiduría de este mundo?" (1:20) "La locura de Dios es más sabia que la sabiduría humana" (1:25).

La cruz suena como una locura para un mundo sin la sabiduría de Dios. ¿Un salvador que muere? ¿Un maestro pobre y deshonrado adorado como el Dios vivo? ¿Se supone que debemos poner la otra mejilla cuando nos atacan? ¿Deberíamos dar para recibir? ¿Mi salvación no depende de cuán inteligente o fuerte soy? Pero, ¿cómo funciona esto exactamente? No tiene sentido para aquellos sin el Espíritu de Dios (2:10).


Es al morir que Cristo trajo la verdadera vida. No necesitamos la sabiduría del mundo para tener éxito. No tenemos que temer que la buena vida se escapará entre nuestros dedos a menos que la sujetemos lo suficientemente fuerte. Jesús, el poder de Dios y la sabiduría de Dios (1:24) nos ofrece libertad de nosotros mismos mientras miramos hacia afuera para amar y servir a los demás.


Debido a que murió y resucitó, el pecado de aquellos que confían en ese sacrificio es borrado, ya no se mantiene en nuestra contra. Por gracia, nos recibe a su lado, en la vida abundante, llena de amor, gozo, paz, amabilidad, generosidad y demás.


En lugar de vivir bajo la opresiva ley de la escasez, nos regocijamos en la ley de la abundancia. Cuando vemos el mundo con los ojos de Cristo, llevando la sabiduría de Dios a nuestras circunstancias, prosperamos incluso en tiempos difíciles.