La canción más fuerte: Escuchar la esperanza en medio del dolor, la ansiedad, la pena, la duda y el lamento

Día 1 de 7 • Ver la lectura de hoy

Devocional

En 2015, mi esposo, Kevin, y yo entramos en una de las temporadas más difíciles que hemos vivido. Me diagnosticaron una enfermedad crónica autoinmune. Perdimos a un familiar, y nuestro hijo menor estaba sufriendo problemas de desarrollo. 


Quisiera decirte que me levanté, lo superé, y conquisté. Pero, la verdad, mi fe en Dios titubeó. Mis idas a los discipulados espirituales ya no me ayudaban a sentirme conectada con Jesús. Mis insistentes preguntas sobre el sufrimiento y la bondad de Dios fueron demasiado para tratar. 


A pesar de llevar 30 años como cristiana, por primera vez en mi caminar con Dios, comencé a preguntarme si estaba orándole al ventilador en el techo. Finalmente, Dios ya no cabía en la caja que había designado para Él y yo no tenía idea de qué hacer al respecto. De lo que no me di cuenta fue de que Dios estaba por hacer estallar la caja de repente y revelarme más de Él. 


En medio de esta temporada tan difícil, Dios amorosamente me llevó de vuelta a Él y a Su consuelo sobrenatural.


En la lectura de hoy, el apóstol Pablo escribe sobre el momento en que enfrentó dificultades abrumadoras. Estaba abatido al punto de pensar que moriría. En su dolor, recordó que tenemos un gran Consolador, quien nos consuela en el momento en que más lo necesitamos. 


Pablo señala tres puntos importantes: 


1) Dios es la fuente de todo consuelo. Puede parecer obvio, pero no siempre vivimos como si lo fuera. Recurrimos a tantas otras cosas o personas para encontrar consuelo. ¿Cómo sería si dejáramos de correr hacia esas cosas y corriéramos y clamáramos a Dios para recibir Su consuelo? 


2) No tenemos que vivir con miedo de temporadas de angustia. 


Las temporadas difíciles son, en realidad, hermosas invitaciones a una intimidad más profunda con Dios. De hecho, Pablo proclama que mientras más sufrimos por Cristo, más derramará Dios de Su consuelo sobre nosotros a través de Cristo. ¡Qué intención tan increíble!


3) Estamos llamados a consolar a otros con el consuelo que hemos recibido.  


Dios nos consuela con un propósito. En realidad nos consuela para que consolemos a otros en aras de Su salvación (versículo 6). ¿A quién quiere Dios que consueles hoy?


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