Serie Gracia, simple y profunda - Gracia basada en discipulado

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Devocionales

Tú estabas…


Mi presión arterial siempre sube. Cada vez que estoy en una conversación, particularmente una en la que presento el evangelio a un incrédulo, mis orejas se ponen rojas, el ritmo cardíaco aumenta y en mi estómago se hace un nudo. Dios me ha dado la oportunidad de hacer eso cientos de veces. Cuando la conversación se enfoca en Jesús, sé que están por venir algunas cosas duras pero bellas. Ahí es cuando mi presión arterial aumenta.


No sé si has tenido la oportunidad de compartir las buenas nuevas de Jesús con alguien. Espero que tengas o puedas hacerlo pronto. Pero si eres como yo, sabes el peso y la importancia de ese momento. Compartir la gracia y la verdad al mismo tiempo, puede ser realmente crítico; decir las palabras pecado, pecador y muerte citando las Escrituras, puede ser difícil. Pero no son solo malas noticias, sino también buenas. 


Lo que me gustaría hacer es concluir sobre cómo unimos todo esto. Vamos a ir al rey de los pasajes de gracia en el libro de Efesios. Qué manera más apropiada de hablar sobre la gracia. Tal vez uno de los pasajes más bellos y claros sobre la gracia se encuentra en esta carta.


Pablo comienza diciendo: Estabas muerto en tus transgresiones y pecados. El pecado no te hace mal. Si el pecado te hiciera mal, todo lo que tendrías que hacer es mejorar. Ese no es el mensaje del evangelio. Es lo que la gente piensa sobre el pecado. Pero la Escritura dice que el pecado te mató. Para mejorar, debes volver a la vida nuevamente. El “tú fuiste” es la mala noticia. Pablo quiere que comprendamos la profundidad de nuestra muerte.


En 1987, había una bebé de 18 meses llamada Jessica. Estaba caminando en el patio de su tía y dio demasiados pasos que la hicieron trastabillar y cayó por una tubería abierta que tenía 6.60 m de profundidad. Llamaron al 911 pensando que estaría fuera en unas pocas horas. Pero en cambio, se demoraron 58 horas en el procedimiento. Tuvieron que llamar a perforadores e ingenieros profesionales para sacarla. La historia salió en todas las noticias. ¿Pero sabes cuál no era la historia? «¡La bebé Jessica, es una heroína! ¡La bebé Jessica, se arrastró por su cuenta y salvó su vida!» Esa no era la historia. ¿Por qué? Porque no había forma posible de que pudiera salir sola. 


Esa es una imagen de la profundidad de nuestra muerte en el pecado. Estábamos muertos y no había forma posible de que saliéramos de eso. Pero ese no es el final de la historia. No es donde Dios nos dejó. Eso no es lo que Dios permitió que fuera el capítulo final de nuestra vida.