Cómo librarme del dominio del pecado

Devocionales

Consecuencias de rechazar el conocimiento


El apóstol Pablo, dejó registro de una oración apostólica poderosa en la carta que escribió a los colosenses. Sobre esa oración desarrollaremos este devocional. Sin embargo, en Romanos 1, vemos las consecuencias nefastas que reciben los impíos al rechazar el conocimiento de Dios. Cuando una persona rechaza a Dios, Él lo deja que siga en una vida desagradable ante sus ojos para que se pierda y luego reciba el castigo por su desobediencia. 


Por otro lado, en Oseas 4, el Señor dice: «mi pueblo fue destruido por falta de conocimiento» y es con relación a los creyentes que son el pueblo de Dios, por lo tanto no está hablando de perder la salvación, sino fracasar en el entendimiento y cumplimiento de los planes que Dios les ha asignado en su propósito eterno.


Observe que no dice que el pueblo perece por falta de oración, falta de congregarse, falta de ofrendar, ni falta de ritos y ceremonias, sino por falta de conocimiento; pues quien entiende y conoce los principios divinos, puede orar con entendimiento y no por emoción, congregarse con propósito y no por rutina, ofrendar con generosidad y no por necesidad. 


Oración es poner en acción lo que se ora


Pablo usa con frecuencia el término andar, para describir el avance y alcance de la vida en Cristo. Andar, implica que es una respuesta natural que tienen todos aquellos que han recibido la vida de Cristo y deberían vivir de una manera que fuera digna de aquel a quien confiesan como Señor.


Andar dignamente depende de la identidad, integridad y dignidad que Dios nos confiere por nuestra posición en Cristo, por lo cual podemos caminar libres de complejos, temores y rechazos, podemos orar confiadamente sin ninguna autoconmiseración ni inseguridad.


Andar, también indica que es un proceso progresivo, en el que paso a paso vamos adelante hacia la perfección, la madurez y plenitud en Cristo, por eso, no se trata simplemente de un suceso de caer, saltar, danzar en el Espíritu; sino un proceso inteligente y diligente de caminar en y con el Espíritu. Las Escrituras enseñan cómo debemos andar los hijos de Dios: de día, en vida nueva, por fe, en el Espíritu, en buenas obras, como es digno de la vocación celestial, en amor, con diligencia, santa y piadosamente, en luz, como Jesús anduvo, según sus mandamientos.


Agregando más, el apóstol ora por ellos a fin de que de esta manera puedan agradar a Dios en todo, no en lo más fácil, cómodo o placentero. Esta expresión no describe una actitud amedrentada por el temor al castigo, sino de una gozosa obediencia a Dios, que surge de la gratitud por todo lo que Él es y hace a favor nuestro. Pablo enseña la necesidad que tenemos los creyentes de agradar a Dios, antes de agradarnos a nosotros mismos. Esto debe darse en todas las esferas de la vida, en todo, no en lo que me gusta o me conviene.