LAS COSAS PUEDEN CAMBIAR La metamorfosis del alma

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Devocionales

Otoño 


Según el calendario, la primera estación del año es el otoño. Las temperaturas comienzan a descender y los árboles empiezan a perder el verdor del verano. Sus hojas caen poco a poco hasta desvestirlos para el invierno, y aunque nos encanta usar nuestros mejores abrigos y sentirnos más lindas en apariencia, nuestra piel y nuestra salud requieren mucho cuidado en esta estación. Y ¿sabes qué más necesita cuidado en esta estación emocional? Nuestro corazón. 


Cuando una oruga inicia el proceso de transformación ¿qué hace? Simplemente escoge un lugar, se detiene y se queda quieta, inmóvil por un tiempo, provocando ese cambio interior. Dios nos habla, a través de su Palabra, de la importancia de quedarnos quietas como un prerrequisito para lograr cambios profundos. Los movimientos de nuestra rutina, las adversidades de todos los días nos quitan tiempo para sentarnos, calmarnos y pensar. ¿No te pasa que apenas te despiertas comienzas a correr en la actividad diaria y no te detienes hasta cuando vas a dormir? Obviamente tenemos responsabilidades y obligaciones, pero ¿qué pasa con nuestro corazón? Así como es importante sentarse tranquilamente a comer, es importante calmarnos y alimentar nuestra alma. Tomar tiempo para escuchar a Dios, para recibir su silbo apacible que nos da paz.


Madurar es esencial; significa que estamos dejando atrás la niñez, empezamos a vivir con más consciencia de las consecuencias. La madurez es el medidor de equilibrio en nuestra vida y puede obtenerse cuando las cosas toman la importancia necesaria. 


Por otro lado, el otoño también puede compararse con la melancolía, con un estado emocional que nos hace más sensibles. Quizá alguna experiencia hizo que tus hojas empezaran a apagarse y a caerse poco a poco, pero hoy quiero decirte que aunque no puedas ver colores vivos en tu panorama, eso puede y ¡va a cambiar! Todas las experiencias que la vida nos brinda son necesarias para poder llegar a la madurez que necesitamos, son parte de un proceso natural. Sin embargo, en estos momentos de crisis Dios está deseoso de acompañarnos y de mostrarnos el camino. Aprovechemos el tiempo para tener un encuentro con Él en calma. 


Entrar en reposo significa registrar todo lo que nos pasa. Escuchar nuestro cuerpo, nuestro corazón y, lo más importante, la voz de Dios. Permitámosle que sea Él quien se mueva en nuestro interior. Te invito a que puedas perseguir la madurez y la quietud que Dios nos llama a buscar. Cuando nuestra mente y nuestras emociones están alineadas, hay un corazón abierto a la dirección de Dios. 


Lic. Alejandra Carnival


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