La mujer se fijó en que el fruto del árbol sí se podía comer, y que solo de verlo se antojaba y daban ganas de alcanzar sabiduría. Arrancó entonces uno de los frutos, y comió. Luego le dio a su esposo, que estaba allí con ella, y también él comió. En ese mismo instante se dieron cuenta de lo que habían hecho y de que estaban desnudos. Entonces tomaron unas hojas de higuera y las cosieron para cubrirse con ellas. Con el viento de la tarde, el hombre y su esposa oyeron que Dios iba y venía por el jardín, así que corrieron a esconderse de él entre los árboles. Pero Dios llamó al hombre y le preguntó: —¿Dónde estás? Y el hombre le contestó: —Oí tu voz en el jardín y tuve miedo, pues estoy desnudo. Por eso corrí a esconderme. —¿Y cómo sabes que estás desnudo? —le preguntó Dios—. ¿Acaso comiste del fruto del árbol que te prohibí comer? El hombre respondió: —La mujer que tú me diste por compañera me dio del fruto del árbol. Por eso me lo comí. Dios se dirigió entonces a la mujer, y le dijo
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3 Dias
Muchos han encontrado en la Biblia a un Dios intimidante. Al Omnipotente que reparte juicios, controla todo y a todos, que blandea una justicia inexorable, que sostiene un estándar perfecto. La imagen, deja raspado a todo pecador y antes los motiva a huír, que a acercarse a Él. Para el cristiano, no obstante, el rostro de Dios es diferente. Se mira en el rostro del Cristo crucificado. Derrama un vasto perdón, e irradia una bondad inagotable. Aquel que rechaza a Cristo encara el rostro de justicia inexorable, pero al que lo contempla con ojos de fe, le está reservado un espléndido surtido de las delicias de su bondad. En estos tres devocionales, tomaremos unos cuantos aperitivos de las delicias de su benignidad, para que como dice la Biblia "tu gozo sea cumplido".
En nuestros días, la mayoría de las personas toman el pecado muy a la ligera. En este devocional, hablamos de una batalla contra el pecado a nivel interno. Como cristianos, necesitamos tener cuidado de no exaltar la satisfacción física por encima del bienestar de nuestra alma. Necesitamos estar atentos a lo que nos exalta y nos aleja de Dios.
En este plan de tres días hablaremos de tres actitudes, aparentemente buenas, pero que al final son sutilmente engañosas. Nos prometen, pero al final nos terminan robando. La intención es que puedas analizarlas en ti mismo, y puedas entender cuando alguien más está siendo engañado por estas máscaras y disfraces.
Ni antes, ni hoy, ni mañana, ¡nunca será fácil guardarse para Dios! Se requiere carácter y mucha fe en Dios y en las convicciones. Este reto es duro pero no imposible. Daniel y sus compañeros nos dan grandes lecciones y en este plan vamos a meditar en sus decisiones.
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