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Lamentaciones 3:22-32

Lamentaciones 3:22-32 RVC

Por la misericordia del Señor no hemos sido consumidos; ¡nunca su misericordia se ha agotado! ¡Grande es su fidelidad, y cada mañana se renueva! Por eso digo con toda el alma: «¡El Señor es mi herencia, y en él confío!» Es bueno el Señor con quienes le buscan, con quienes en él esperan. Es bueno esperar en silencio que el Señor venga a salvarnos. Es bueno que llevemos el yugo desde nuestra juventud. Dios nos lo ha impuesto. Así que callemos y confiemos. Hundamos la cara en el polvo. Tal vez aún haya esperanza. Demos la otra mejilla a quien nos hiera. ¡Cubrámonos de afrentas! El Señor no nos abandonará para siempre; nos aflige, pero en su gran bondad también nos compadece.

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Imágenes del versículo para Lamentaciones 3:22-32

Lamentaciones 3:22-32 - Por la misericordia del Señor
no hemos sido consumidos;
¡nunca su misericordia se ha agotado!
¡Grande es su fidelidad,
y cada mañana se renueva!
Por eso digo con toda el alma:
«¡El Señor es mi herencia, y en él confío!»

Es bueno el Señor con quienes le buscan,
con quienes en él esperan.
Es bueno esperar en silencio
que el Señor venga a salvarnos.
Es bueno que llevemos el yugo
desde nuestra juventud.

Dios nos lo ha impuesto.
Así que callemos y confiemos.
Hundamos la cara en el polvo.
Tal vez aún haya esperanza.
Demos la otra mejilla a quien nos hiera.
¡Cubrámonos de afrentas!

El Señor no nos abandonará para siempre;
nos aflige, pero en su gran bondad
también nos compadece.Lamentaciones 3:22-32 - Por la misericordia del Señor
no hemos sido consumidos;
¡nunca su misericordia se ha agotado!
¡Grande es su fidelidad,
y cada mañana se renueva!
Por eso digo con toda el alma:
«¡El Señor es mi herencia, y en él confío!»

Es bueno el Señor con quienes le buscan,
con quienes en él esperan.
Es bueno esperar en silencio
que el Señor venga a salvarnos.
Es bueno que llevemos el yugo
desde nuestra juventud.

Dios nos lo ha impuesto.
Así que callemos y confiemos.
Hundamos la cara en el polvo.
Tal vez aún haya esperanza.
Demos la otra mejilla a quien nos hiera.
¡Cubrámonos de afrentas!

El Señor no nos abandonará para siempre;
nos aflige, pero en su gran bondad
también nos compadece.Lamentaciones 3:22-32 - Por la misericordia del Señor
no hemos sido consumidos;
¡nunca su misericordia se ha agotado!
¡Grande es su fidelidad,
y cada mañana se renueva!
Por eso digo con toda el alma:
«¡El Señor es mi herencia, y en él confío!»

Es bueno el Señor con quienes le buscan,
con quienes en él esperan.
Es bueno esperar en silencio
que el Señor venga a salvarnos.
Es bueno que llevemos el yugo
desde nuestra juventud.

Dios nos lo ha impuesto.
Así que callemos y confiemos.
Hundamos la cara en el polvo.
Tal vez aún haya esperanza.
Demos la otra mejilla a quien nos hiera.
¡Cubrámonos de afrentas!

El Señor no nos abandonará para siempre;
nos aflige, pero en su gran bondad
también nos compadece.Lamentaciones 3:22-32 - Por la misericordia del Señor
no hemos sido consumidos;
¡nunca su misericordia se ha agotado!
¡Grande es su fidelidad,
y cada mañana se renueva!
Por eso digo con toda el alma:
«¡El Señor es mi herencia, y en él confío!»

Es bueno el Señor con quienes le buscan,
con quienes en él esperan.
Es bueno esperar en silencio
que el Señor venga a salvarnos.
Es bueno que llevemos el yugo
desde nuestra juventud.

Dios nos lo ha impuesto.
Así que callemos y confiemos.
Hundamos la cara en el polvo.
Tal vez aún haya esperanza.
Demos la otra mejilla a quien nos hiera.
¡Cubrámonos de afrentas!

El Señor no nos abandonará para siempre;
nos aflige, pero en su gran bondad
también nos compadece.Lamentaciones 3:22-32 - Por la misericordia del Señor
no hemos sido consumidos;
¡nunca su misericordia se ha agotado!
¡Grande es su fidelidad,
y cada mañana se renueva!
Por eso digo con toda el alma:
«¡El Señor es mi herencia, y en él confío!»

Es bueno el Señor con quienes le buscan,
con quienes en él esperan.
Es bueno esperar en silencio
que el Señor venga a salvarnos.
Es bueno que llevemos el yugo
desde nuestra juventud.

Dios nos lo ha impuesto.
Así que callemos y confiemos.
Hundamos la cara en el polvo.
Tal vez aún haya esperanza.
Demos la otra mejilla a quien nos hiera.
¡Cubrámonos de afrentas!

El Señor no nos abandonará para siempre;
nos aflige, pero en su gran bondad
también nos compadece.