La salvación es por gracia, no por méritos propios; es un regalo inmerecido. Nuestra alma fue redimida al haber creído con fe en la muerte, sepultura y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Por él tenemos vida eterna.
Pero la vida abundante que Dios ofrece se manifiesta mientras servimos, obedecemos y permanecemos en comunión con Él.
Cuando ponemos por obra esos dones, se activa la vida abundante a la que Dios nos llama para disfrutar aquí en la tierra.
NOTA: podemos ser salvos y perdonados del pecado, pero también se pueden perder oportunidades de impactar vidas si no servimos al Señor.