Pero la serpiente dijo a la mujer: —¡No es cierto, no van a morir! Dios sabe muy bien que cuando coman de ese árbol se les abrirán los ojos y llegarán a ser como Dios, conocedores del bien y del mal. La mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer, y que era atractivo a la vista y era deseable para adquirir sabiduría; así que tomó de su fruto y comió. Luego dio a su esposo, que estaba con ella, y él también comió. En ese momento los ojos de ambos fueron abiertos y tomaron conciencia de su desnudez. Por eso, para cubrirse entretejieron hojas de higuera. Cuando el día comenzó a refrescar, el hombre y la mujer oyeron que Dios el SEÑOR andaba recorriendo el jardín; entonces corrieron a esconderse entre los árboles para que Dios no los viera. Pero Dios el SEÑOR llamó al hombre y dijo: —¿Dónde estás? El hombre contestó: —Escuché que andabas por el jardín y tuve miedo porque estoy desnudo. Por eso me escondí. —¿Y quién te ha dicho que estás desnudo? —preguntó Dios—. ¿Acaso has comido del fruto del árbol que yo te prohibí comer? Él respondió: —La mujer que me diste por compañera me dio de ese fruto y yo lo comí. Entonces Dios el SEÑOR preguntó a la mujer: —¿Qué es lo que has hecho? —La serpiente me engañó, y comí —contestó ella. Dios el SEÑOR dijo entonces a la serpiente: «Por causa de lo que has hecho, ¡maldita serás entre todos los animales, tanto domésticos como salvajes! Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás polvo todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y la de ella; su simiente te aplastará la cabeza, pero tú le herirás el talón». A la mujer dijo: «Multiplicaré tu sufrimiento en el parto y darás a luz a tus hijos con dolor. Desearás a tu marido, y él te dominará». Al hombre dijo: «Por cuanto hiciste caso a tu esposa y comiste del árbol del que te prohibí comer, ¡maldito será el suelo por tu culpa! Con sufrimiento comerás de él todos los días de tu vida. La tierra te producirá cardos y espinas, y comerás hierbas silvestres. Te ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste sacado. Porque polvo eres y al polvo volverás».
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3 Dias
Muchos han encontrado en la Biblia a un Dios intimidante. Al Omnipotente que reparte juicios, controla todo y a todos, que blandea una justicia inexorable, que sostiene un estándar perfecto. La imagen, deja raspado a todo pecador y antes los motiva a huír, que a acercarse a Él. Para el cristiano, no obstante, el rostro de Dios es diferente. Se mira en el rostro del Cristo crucificado. Derrama un vasto perdón, e irradia una bondad inagotable. Aquel que rechaza a Cristo encara el rostro de justicia inexorable, pero al que lo contempla con ojos de fe, le está reservado un espléndido surtido de las delicias de su bondad. En estos tres devocionales, tomaremos unos cuantos aperitivos de las delicias de su benignidad, para que como dice la Biblia "tu gozo sea cumplido".
Este plan tiene por objetivo ayudarte a comprender, lo vital que es siempre mantener ante Dios una actitud de transparencia y de genuinidad. Quiero invitarte a que juntos iniciemos estos tres días con gran entusiasmo y expectativa sobre lo que Dios quiere hablarte.
Ni antes, ni hoy, ni mañana, ¡nunca será fácil guardarse para Dios! Se requiere carácter y mucha fe en Dios y en las convicciones. Este reto es duro pero no imposible. Daniel y sus compañeros nos dan grandes lecciones y en este plan vamos a meditar en sus decisiones.
En este plan devocional de tres días, la Dra. LaDonna C. Osborn explora las promesas de Dios acerca de un Salvador que vendría a redimir a su pueblo y a darnos paz. Del jardín del Edén a Isaías, de Juan el Bautista a Pedro, aprendemos cómo el Evangelio de la buena nueva del Príncipe de Paz puede inspirarnos hoy.
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