Toda la alabanza sea para Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales en los lugares celestiales, porque estamos unidos a Cristo. Incluso antes de haber hecho el mundo, Dios nos amó y nos eligió en Cristo para que seamos santos e intachables a sus ojos. Dios decidió de antemano adoptarnos como miembros de su familia al acercarnos a sí mismo por medio de Jesucristo. Eso es precisamente lo que él quería hacer, y le dio gran gusto hacerlo. De manera que alabamos a Dios por la abundante gracia que derramó sobre nosotros, los que pertenecemos a su Hijo amado. Dios es tan rico en gracia y bondad que compró nuestra libertad con la sangre de su Hijo y perdonó nuestros pecados. Él desbordó su bondad sobre nosotros junto con toda la sabiduría y el entendimiento.
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Somos hijos de Dios y como hijos suyos vivimos con propósito, con el propósito de testificar a Cristo Jesús en todo momento y en todo lugar. Somos por Él, en Él y para Él.
La decisión de Dios, ¿quién la puede refutar? Si Él lo promete, y es Su decisión, Él lo cumplirá. Dios ha tomado decisiones acerca de ti, confía en Su plan.
Las bendiciones de Dios están disponibles, así como sus promesas. En este plan encontrarás lo que hay que hacer como hijos para gozar de ellas. Dice su Palabra que nos bendijo con bendiciones de los lugares celestiales.
Pablo dice: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo” (Efesios 1:3). Pablo nos está diciendo, en esencia: “Todos los que siguen a Jesús están bendecidos con bendiciones espirituales en lugares celestiales, donde Cristo está”. ¡Qué increíble promesa para tiempos tan apremiantes como los que estamos enfrentando!
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