Las misiones siempre han estado en el corazón del Padre Celestial. Él envió a su propio Hijo, Jesús, para contarle al mundo acerca de las Buenas Nuevas de su amor. Jesús preparó a sus discípulos y les dio el Espíritu Santo para empoderarlos y ser sus testigos hasta los confines de la tierra. Hoy, como hijos de Dios, estamos habilitados con el Espíritu Santo para ser valientes al amar.